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La Policía Municipal ya cuenta con un calabozo especial para evitar que los detenidos se autolesionen
11.10.09 -

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Aguirrelanda abre celda acolchada
Un agente inspecciona la recién estrenada celda de la comisaría. / JESÚS ANDRADE
Recuerda a la habitación de algún psiquiátrico de esos que tanto abundan en las películas de suspense. Forrado completamente con un aislante de 'skai', sin ninguna luz directa y provisto de una cámara de vídeo, testigo mudo duran las veinticuatro horas de día. Así es el nuevo calabazo de la comisaría de la Policía Municipal en Aguirrelanda. Diseñado por un agente de la división de Investigación, ya se utiliza para evitar que se autolesionen detenidos «enajenados, problemáticos o alterados por la ingesta de alguna droga».
Con este habitáculo, de unos ocho metros cuadrados y ubicado en la planta baja del edificio, la Guardia Urbana pretende solucionar dos problemas de una tacada. Por una parte, que ningún arrestado -permanecen retenidos de 24 a 48 horas hasta la llamada del juez- se cause daños. Con las cámaras grabando a jornada completa y la superficie acolchada a lo largo y ancho de la estancia, ya no será necesario, como era costumbre, que por ejemplo le coloquen un casco en la cabeza ante un episodio de autolesiones.
Asimismo, consideran en la Policía Municipal, se evitarán casos de falsas denuncias por malos tratos. «Los agentes ganaremos en confianza y nuestro nombre no quedará manchado. Ya ha ocurrido en más de un ocasión que un detenido ha presentado una denuncia por supuestos malos tratos, aunque luego siempre se demostró que se los hizo él mismo», desvela un policía local con quince años de servicio.
¿Y cómo nació esta iniciativa? Pues fueron los propios policías quienes la demandaron. «Lo propuso un agente de Investigación con una amplia experiencia en el cuerpo», asevera José Manuel Bully, concejal de Seguridad Ciudadana. «Además, fue él quien se encargó de recabar la información necesaria para su construcción», prosigue el político socialista.
Psiquiatría de Santiago
El proceso no resultó nada sencillo. El guardia municipal preguntó primero en comisarías de otras ciudades aunque sin ningún éxito. Por supuesto, rastreó en Internet y, finalmente, vio la luz al contactar en Vitoria con los responsables de Psiquiatría del hospital Santiago. Éstos, habituados a tratar con pacientes trastornados, le pusieron en contacto con varios proveedores.
Tras hacer los números pertinentes, solicitar varios presupuestos y presentar el proyecto definitivo a sus superiores, la obra por fin recibió el plácet burocrático. El coste de los trabajos ha rondado los 6.000 euros y hace ya unas semanas que la celda se utiliza -es el calabozo número cinco-.
«Es una garantía más para nuestros agentes», agrega Bully. «La mejor noticia desde su entrada en funcionamiento es que no se han vuelto a producir ninguna denuncia más», elogian fuentes policiales.


d.gonzalez@diario-elcorreo.com
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