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El Príncipe Felipe condecoró al cabo Cristo Ancor Cabello con la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo al término de un funeral presidido por el dolor y la emoción
10.10.09 -

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El militar fallecido en Afganistán fue bautizado cuando agonizaba
Concepción Santana, madre del militar asesinado en Afganistán, llora rota de dolor durante el funeral celebrado en Las Palmas. / AFP
Los restos mortales del cabo Cristo Ancor Cabello Santana, fallecido el miércoles en Afganistán al estallar una mina antitanque, reposan ya en el panteón militar del cementerio grancanario de San Lorenzo. Junto al cuerpo fue enterrada la concha con la que recibió el bautismo antes de morir en el hospital Role 2 de Herat, según reveló el capellán del acuartelamiento. El militar, de 25 años, iba a cumplir esta misma semana su deseo de ser cristianado durante su estancia en el país asiático, pero el atentado precipitó el sacramento.
El sacerdote que presta los servicios religiosos en la base española desveló la voluntad de Cabello de abrazar la fe católica durante la ceremonia con la que se despidió al cabo el jueves en Afganistán, antes del traslado del féretro a Las Palmas. El cura, según su propio testimonio, le había comentado al joven que pediría una concha a Madrid para oficiar el bautismo, pero el militar le dijo que ya tenía una que había comprado cuando hizo el Camino de Santiago, y que es con la que finalmente se le bautizó a las puertas de la muerte en Herat, donde recibió también la confirmación.
Y con ella fue también sepultado tras el funeral que se celebró ayer en la base General Alemán Rodríguez de Las Palmas, una ceremonia marcada por el dolor y la emoción que estuvo presidida por el Príncipe Felipe de Borbón y el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. La madre, la abuela y el resto de la familia del militar, emparejado con una chica venezolana con la que había tenido su segundo hijo hace unos meses, intentaron mantener la compostura, pero acabaron deshechos en lágrimas.
Condolencias
El féretro entró en el recinto militar cubierto por la bandera nacional y a hombros de ocho miembros de la Brigada de Infantería Ligera Canarias XVI, a la que pertenecía el cabo. El ataúd fue colocado frente al altar y el mástil con la enseña a media asta. Antes, el Príncipe de Asturias y el jefe del Ejecutivo se acercaron a los familiares para transmitirles sus condolencias. Al acto fúnebre acudieron también la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, la ministra de Defensa, Carme Chacón, y el líder del PP, Mariano Rajoy, así como otras autoridades nacionales, autonómicas y locales.
El funeral fue concelebrado por el arzobispo castrense, Juan del Río Martínez, y el obispo de las Palmas, Francisco Cases. Del Río manifestó durante la ceremonia que la muerte de Cabello, además de ser una «semilla de libertad» para Afganistán, es una prueba de que España «sabe mirar de frente y no esquiva su mirada ante los graves problemas internacionales». El arzobispo pidió «no bajar los brazos» ante los desafíos del terrorismo en el país asiático y se mostró convencido de que sólo hay una disyuntiva: «O acabamos con el terrorismo o terminamos siendo esclavos de él». Del Río pidió a los allegados del cabo que sean «fuertes» y tuvo también un recuerdo para los cinco heridos en el ataque.
La emoción y la tensión, ya de por sí altas, subieron al final del funeral, cuando el Príncipe de Asturias impuso a Cabello la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo, una condecoración en honor a los muertos en acciones violentas. Las lágrimas y los nudos en la garganta volvieron cuando el jefe de la Brigada Ligera de Canarias XVI, el general Francisco Javier Martín Alonso, entregó a la familia la condecoración, junto a su boina y la bandera plegada que cubría el ataúd.
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