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POLÍTICA

Las peligrosas amistades con miembros de la red corrupta han colocado en el disparadero a Costa, fiel escudero de Camps en lo político y amante del lujo en lo personal
10.10.09 -

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Llegó la hora para Ricardo Costa, el 'número dos' del Partido Popular en la Comunidad Valenciana, para los amigos 'Rich' -como rico en inglés-. ¿Sólo por aceptar como regalo un reloj valorado en más de 20.000 euros o unos trajes a medida? No debería. Esas dádivas no son delitos en sí aunque procedan de sospechosos de corrupción.
¿Por pedir a esos mismos conseguidores que mediaran en la compra de un coche de lujo o en su ascenso al poder? Él ha presentado luego facturas y, además, quién dice que progresar no sea lícito.
¿Por las chaquetas y camisas de marras? El Tribunal Superior de Valencia archivó la causa que compartía con su jefe, Francisco Camps, por presunto cohecho, pese a que la Fiscalía ha pedido la reapertura.
¿Será entonces por cultivar amistades peligrosas, responsables de empresas que han crecido al abrigo de la Generalitat valenciana y del PP? ¿Por el compadreo tal vez con presuntos delincuentes?
Para quienes se preguntan por qué Ricardo Costa Climent (Castellón de la Plana, 1972) está en el disparadero, la respuesta se encuentra en el cúmulo de despropósitos destapados por la investigación del 'caso Gürtel'. A pesar de que el escándalo llevaba meses en la escena pública, el secretario general del PP valenciano ha quedado en un callejón sin salida en los últimos tres días, el tiempo que lleva levantado el secreto de sumario.
Las conversaciones telefónicas intervenidas a miembros de la trama corrupta son un filón; sobre todo las de Costa con su «entrañable» Álvaro Pérez, 'El Bigotes', mano derecha de Francisco Correa, el cabecilla del grupo que se hace llamar 'Don Vito' en la contabilidad B de una red que se extiende a Madrid, Galicia y Castilla y León.
Según consta en los 17.000 folios hechos públicos el miércoles -una tercera parte de la investigación-, Costa se encaprichó del 'Infiniti FX 50', un crossover de gama alta valorado en unos 60.000 euros. Para lograrlo no dudó en pedir ayuda a 'El Bigotes' y a Pablo Crespo, ex secretario de organización del PP gallego y supuesto 'número dos' de Correa en la red - como él, en prisión-. Y lo compró, pero con su dinero, según su testimonio posterior. Alega que pidió prestados a sus padres 30.000 euros y que vendió su coche, un 'Mercedes', por otros 29.000.
Sus tratos con algunas amistades de baja estofa han acabado por emborronar la trayectoria de Costa, un enamorado de las marcas y las camisas entalladas, como le gusta enseñar. Con aire de dandy con traje y chaqueta por Les Corts, donde ejerce de portavoz del grupo parlamentario del PP; con unas 'Ray-ban' a juego con su camisa 'La Martina' caminando por el 'paddock' del circuito valenciano de F-1 de la mano de su novia, Laura Chorro, concejala de Alicante y reina de la belleza del foc en las fiestas de Valencia de 2005. Le va el lujo, casi la adulación. «Tú serás el próximo presidente del país», le vacilaba Correa.
De familia conocida
Tampoco es que sea un pecado ser pijo, pero parece que le viene de familia, una conocida saga burguesa de Castellón. Algo de ello debió ver su hermano Juan Costa cuando dio el salto al Gobierno de Aznar. El ex ministro de Ciencia intentó corregir su afectada dicción con la ayuda de un foniatra. 'Rich', como se puede escuchar, no.
El problema de fondo para él, y eso ya no es una cuestión estética ni ética, es que la empresa de Pérez, Orange Market, se ha enriquecido en adjudicaciones decretadas por la Generalitat valenciana, que gestiona el PP con mayoría absoluta, y en contratos firmados por este partido para sus campañas electorales. Por eso el juez investiga si Costa y otros cargos se han dejado corromper por los agasajos ofrecidos por 'Don Vito' y 'El Bigotes'. Si existe trato de favor. Según la investigación, serían ocho millones de euros facturados en cuatro años por Orange Market desde 2005, cuarenta contratos a dedo sin concurso.
Álvaro Pérez conocía a Francisco Camps de la época en la que éste trabajaba en la dirección nacional de la calle Génova, en Madrid. Corría el año 2000, cuando las empresas de Francisco Correa trabajaban a tope con el PP. Por decisión de Correa, Pérez trasladó el negocio a Valencia en 2003, después del acceso de Camps a la Generalitat.
«Feliz Navidad, amiguito del alma... Que te quiero un huevo», le decía el 24 de diciembre Camps, apodado 'El curita', a 'El Bigotes'.
En este mundillo de personajes casi de tebeo -Costa es un aficionado al cómic, especialmente a Los Vengadores y Superman-, se desarrolla un caso que compromete a la dirección del PP de Valencia y salpica al propio Camps. En el partido, Ricardo Costa es el 'número dos'; en la práctica, un escudo para el presidente de la Generalitat y líder de la formación en la comunidad.
Los avales de Camps
'Rich' es un fiel escudero de Camps desde que se alió con él en la lucha interna por el liderazgo del PP valenciano desatada entre 'campistas' y 'zaplanistas', los partidarios de Eduardo Zaplana. Es una alianza muy fuerte, por encima incluso de los lazos familiares. En el congreso de Valencia de 2008 que confirmó a Mariano Rajoy al frente del PP, Ricardo Costa se encargó de llevarle los avales recabados por Paco Camps a su candidatura. Esto desactivó las aspiraciones de su hermano Juan, que barajaba presentarse como alternativa. Así se entiende mejor que Rajoy realizara una defensa casi numantina de Camps en el mitin central de las pasadas europeas: «¡Paco, estoy contigo. Estaré siempre delante, detrás, a tu lado».
Pero Ricardo Costa también se ha creado enemigos. El presidente del PP en Alicante, el 'zaplanista' José Joaquín Ripoll, ha sido de los compañeros más duros al exigir «que se quiten las manzanas podridas». 'El bigotes', que tenía mano con la cúpula del partido e hilo directo con Camps, medró en diciembre para derrocar a Ripoll, sin éxito. Además, trató de echar una mano a Costa, quien le había pedido ayuda para entrar en el Gobierno valenciano. «Tú déjaselo caer y que lo vaya teniendo en la cabeza», le decía 'Rich'.
Es un tipo que no se corta. Ricardo Costa sí se puso en público el mentado reloj de lujo, a pesar de que Álvaro Pérez le aconsejó que no lo hiciera porque daba «un cante de cojones». Es que es como «un niño con zapatos nuevos». Lo flipó.
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