La concejala responsable de Medio Ambiente, Alba Cañadas, se sacudió ayer las críticas unánimes de la oposición del Ayuntamiento, que considera su gestión «descafeinada» y «desesperantemente lenta», con un panegírico sobre su trabajo: «Nunca se había hecho tanta y tan buena política medioambiental en Vitoria»; «no se puede ir más rápido ni mejor», proclamó, alto y claro. Lo hizo durante una comisión urgente y extraordinaria, solicitada por el resto de partidos para que expusiera su análisis político sobre la decisión de cinco asociaciones ecologistas de abandonar, hace dos semanas, el consejo sectorial de Medio Ambiente, un órgano asesor del equipo de gobierno creado en 2000.
Cañadas abrió el fuego con una premisa. «La participación ciudana no está en quiebra, ni se desmorona», señaló, para enfatizar que los consejos sectoriales «son sólo una herramienta de todo el puzzle de la participación» y que ésta, recalcó, «no suplanta las decisiones que toma la Administración». «Nuestra obligación es verificar los fundamentos técnicos y legales, así como la viabilidad, de las propuestas que se hacen. Y si hay que decir 'no', se dice».
La edil del PSE afirmó que la salida de las asociaciones de protección de la naturaleza del órgano asesor «no es un drama», y que «cruzo emails y llamadas con esos colectivos todas las semanas». Dicho esto, Cañadas, que no dejó de recibir indicaciones del teniente de alcalde, Juan Carlos Alonso, pasó a enumerar el listado de proyectos que desarrolla su departamento. Entre ellos, destacó el Plan de Movilidad Sostenible, en plena cuenta atrás para su puesta en marcha. «Ese es un ejemplo de las decisiones valientes que tomamos. Nada menos que el mayor plan estratégico de la ciudad basado en criterios ambientales. ¡Cómo se puede dudar de la calidad e intensidad de nuestro trabajo! ¡Qué broma es ésta!, reprochó a la oposición, a la que instó a «no manchar con una pataleta el expediente de una de las siete ciudades europeas con el mejor urbanismo sostenible».
Confianza «quebrada»
Ni la vehemencia de su tono ni los elogios que dedicó a su gestión lograron, sin embargo, convencer al resto de partidos. Al contrario. Su antecesora en el cargo, la concejala popular Idoia Garmendia, expresó su desconcierto por que «esté tan orgullosa de sí misma pese a los plantes recibidos, a que se ha quebrado su confianza, y a que gran parte de los proyectos que desarrolla son heredados».
Su homóloga jeltzale, Joane Zamarbide, le acusó de «no respetar a la opinión ciudadana» y «de anestesiar los acuerdos adoptados en los foros de participación». Desde EB, Saioa Castañeda expresó su «decepción» por la intervención de Cañadas, a la que instó a que «lidere» los proyectos ambientales. «Hágase oír en su equipo», le reclamó. El único representante de EA comparó al departamento 'verde' con la orquesta del Titanic. «Se están quedando solos», dijo Belakortu a la concejala.
De forma simultánea a la comisión, el alcalde Lazcoz, en su comparecencia semanal con los medios, alababa el «coraje» del gobierno que lidera por impulsar el Plan de Mobilidad Sostenible. «A ver cuántos nos acompañan cuando lleguen los líos, el caos y la confusión que va a provocar al principio», retó.
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