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Empleados de Euskotren paralizan por sorpresa el servicio tras la muerte de un compañero y provocan la indignación ciudadana
10.10.09 -

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Hubo quienes llegaron tarde a trabajar, quienes perdieron su cita con el médico y quien a punto estuvo de dejar escapar el tren que debía llevarle hasta Madrid para, desde allí, volar a Nueva York. El «paro general» de todos los servicios de Euskotren, incluido el tranvía de Vitoria -que los trabajadores de la empresa protagonizaron ayer como «muestra de duelo» por la muerte de un maquinista en Lezama- dejó en tierra a 17.000 ciudadanos, el 40% de los usuarios del transporte público en la ciudad, y provocó un terremoto social y político de considerables proporciones. No en vano, fue una huelga convocada de forma «unilateral», de la noche a la mañana y sin servicios mínimos. Por ello, el Gobierno vasco ya ha dado «instrucciones» a la dirección de Euskotren para que estudie la legalidad de los paros, de forma que se puedan depurar así «responsabilidades».
Y es que la drástica paralización del metro ligero pilló con el paso cambiado a todos los usuarios -«es inadmisible que nos dejen tirados de esta manera y sin avisar», concluyeron los cerca de medio centenar de viajeros consultados por este periódico- y anuló cualquier capacidad de reacción de la empresa. También la del propio Ayuntamiento que, «durante toda la noche del jueves y hasta bien entrada la madrugada del viernes», trató de encontrar sin éxito algún resquicio legal que le permitiera habilitar un servicio alternativo.
«Desde el Gobierno vasco se nos ha informado de que no se podían reforzar los autobuses urbanos sin haber firmado antes un decreto de servicios mínimos. Así que, de haberlo hecho, habríamos incurrido en una ilegalidad», apuntó el alcalde Lazcoz.
Paro «solidario»
Visiblemente molesto con la situación -que los convocantes acreditaron como un «paro solidario»-, el regidor socialista se lamentó por «los miles de vitorianos afectados, porque cada uno -dijo- tiene su historia». Por más que el cuento comenzara ayer de la misma forma para todos: con sorpresa, enfado e indignación. «No hay derecho a que ni siquiera se hayan mantenido los servicios mínimos. Esto es una vergüenza. Es una desgracia que alguien muera pero, desde luego -reprochó a los convocantes Arantza De Miguel- ésta no es la mejor forma de demostrar solidaridad porque ellos son los más insolidarios».
'Tirada' como ella en la parada de Duque de Wellington, a Merche Acosta no le quedó tampoco más remedio que esperar a la línea 8 de Tuvisa. La que «pese a dar mucha vuelta», en palabras de Saturnino González- era ayer su única opción para llegar al centro en transporte público. Al taxi, «por pura cuestión de urgencia», tuvo que recurrir la hermana de Araceli Ortiz de Urbina. «Tenía que coger el Alvia para Madrid, para de ahí volar a Nueva York y ha llegado por los pelos».
Menos suerte tuvo Cristina Alberdi, a la que la huelga le sorprendió en la parada del Parlamento. Y le hizo perder su consulta con el especialista. Y es que, pese a que las marquesinas amanecieron ayer 'forradas' de pasquines que informaban de la huelga, un error en la interpretación del texto le llevó a pensar que el tranvía sólo iba a estar fuera de servicio entre las 12.00 y las 13.00 horas.
No obstante, lo que anunciaban los carteles para mediodía era la concentración del comité en las cocheras de la calle Landaberde. Bajo el lema 'No más accidentes laborales en Euskotren', medio centenar de trabajadores -el tranvía emplea a 54 maquinistas- se reunieron en silencio en señal de «consolencia» por su compañero fallecido. «Es una jornada de luto -lamentó el enlace sindical de ELA en Vitoria, Igor Caridad-. Ha muerto un trabajador y alguien tendrá que hacer algún día algo». Y vaya si se hizo.
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