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Álava

Huelga del tranvía. Las consecuencias

La desaparición del metro ligero de las calles de Vitoria abarrotó los urbanos de viajeros que buscaban una alternativa de transporte
10.10.09 -

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«¿Que no hay tranvía?». Los viajeros se agolpaban ayer, incrédulos, frente a los anuncios que avisaban del paro en las marquesinas del metro ligero. No era una broma de mal gusto, sino una realidad inesperada que obligaba a desplazarse a pie o a buscar una alternativa. El cielo encapotado y las prisas animaron a los viajeros a abarrotar los autobuses de Tuvisa y los taxis, que de un plumazo volvieron a ocupar el trono del transporte público vitoriano. Los propios conductores calcularon que habían registrado «hasta un 50% más de usos» que un día normal.
La confusión comenzó a primera hora de la mañana, cuando numerosos ciudadanos llegaron a la parada del tranvía y descubrieron que el servicio se había suspendido. Hubo padres que, incluso, dejaron a sus hijos en el andén de camino al trabajo, como todos los días, y después descubrieron con preocupación que los chavales seguían esperando al convoy. La mayoría de los viajeros comprendieron que lo importante era llegar a tiempo al trabajo, al médico o al instituto. Como fuera. Andando, en coche, en urbano o en taxi. Y ahí empezó el 'éxodo' de usuarios del metro ligero. Es decir, cientos de historias pendientes de un reloj.
«Ha sido un desbarajuste, no sabía ni qué línea coger», explicaba Izaskun Ugalde bajo el cobertizo de una de las paradas de Tuvisa en Cadena y Eleta.
Los conductores confirmaban el «caos» inicial por la sorpresa que había provocado el paro. Un chófer del itinerario Sansomendi-Arana subrayaba que la protesta de Euskotren se había dejado notar, y mucho, «porque hoy hemos llevado a entre un 25% y un 40% más de pasajeros». Uno de sus compañeros al volante destacaba la presencia de «mucha gente de Abetxuko, Txagorritxu y Lakua». Algo previsible, ya que éstas son, precisamente, las zonas que cubre el tranvía.
El aumento del trabajo se convirtió en un balón de oxígeno para los taxistas, contrariados desde hace meses por la drástica reducción de clientes por culpa de la crisis. «Ojalá esto durara una semana», soltaba con sorna uno de ellos.
Otros miembros de la flota de vehículos blancos constataban la sobrecarga de trabajo, que casi les había pillado a contrapié. «De 7.00 a 9.00 ha habido muchísima gente. La mayoría de las personas nos llamaban por teléfono desde las propias paradas del tranvía, porque se acababan de enterar de que los de Euskotren habían parado», explicaba Rubén Aguinaco.
«El tráfico es mejor»
Teodoro, otro de los chóferes, no sólo había notado más actividad en el taxímetro, sino también un sensible cambio circulatorio. «Ha habido más coches en la calle, pero ningún atasco. Se nota el caos que provoca el tranvía. Hoy no estaba y todo ha sido mucho más fluido. Yo habré llevado a un 50% más de viajeros», recalcaba poco antes de las dos de la tarde en la parada de la catedral. José María Pinedo, con más de dos décadas de experiencia en el sector, coincidía con Teodoro. «De nueve a diez de la mañana nos han llamado mucho más», ratificaba.
Los clientes de los taxis ofrecían testimonios en los que se mezclaba el alivio por llegar a tiempo y el lamento por haber pagado más de los 0,55 céntimos que cuesta un trayecto en tranvía. «Me he enterado del paro al llegar a la parada de Landaverde y al final la carrera me ha costado 10 euros», se lamentaba Arantza.
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