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Accidente ferroviario en Lezama

Uno de los tres heridos relata «la angustia» de los momentos previos al choque: «Salvé la vida por casualidad»
09.10.09 -

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«Me agaché y me tapé la cabeza porque estaba claro que íbamos a chocar»
David Ormaza sufrió el accidente cuando volvía de trabajar en Bilbao. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
«Cuando hemos pasado los campos de entrenamiento del Athletic me he dado cuenta de que pasaba algo raro, el tren siempre empieza a frenar ahí y hoy ha acelerado». David Ormaza iniciaba así el relato del que se ha convertido en el mayor susto de su vida. Con dolores «en la espalda y en el cuello», pero sano y salvo, uno de los tres heridos por el descarrilamiento de una unidad de Euskotren ayer en Lezama apuraba a última hora de la tarde un cigarrillo a las puertas del hospital de Galdakao tras recibir el alta.
Ormaza regresaba a casa desde Bilbao, lugar en el que trabaja, en el fatídico tren de las cuatro. «A esa hora nunca suele venir mucha gente, y menos al llegar a Lezama, la última parada», recordaba. Ayer, «afortunadamente», no fue una excepción y el joven viajaba «solo» en el segundo vagón del convoy -los otros dos heridos iban en el primero- cuando notó que los frenos no se activaban al pasar junto a los campos de fútbol. «Ha sido como caer cuesta bajo, el tren ha cogido velocidad y estaba claro que nos la íbamos a pegar, era imposible parar aquello en los 500 metros de vía que quedaban». Acurrucado en el asiento más lejano a la cabina, «me he agachado y me he cubierto la cabeza con las manos» antes de que los cristales saltaran en mil pedazos.
«Cuando el tren ha pegado contra la pared ha hecho un ruido increíble, algunas vecinas pensaban que había sido una bomba», relataba la madre de David. Aliviada, recordaba que su hijo «no siempre viene a comer». El miércoles, por ejemplo, se quedó en Bilbao porque «tenía autoescuela», pero ayer volvió a casa, «era el destino», aseguraba nerviosa la mujer. Consciente de que «podía no haberlo contado», Ormaza, de 28 años, recordaba «cuatro estruendos, uno detrás de otro» en el momento del impacto.
«El primer vagón ha hecho 'el acordeón', en el segundo, sólo la parte delantera. Del golpe, la puerta ha quedado semiabierta pero para salir he tenido que pegarle dos patadas y agacharme», relataba. Lúcido en todo momento, el joven tuvo tiempo incluso de llamar a su madre para contarle lo sucedido antes de subirse a una ambulancia.
«Hemos tenido suerte»
En otra unidad móvil llegaba al hospital de Galdakao Carolina, la otra herida leve en el siniestro. Pese al susto, la joven sudamericana abandonaba el centro sanitario apenas una hora después, con un esguince de tobillo y contusiones en un costado.
Relajándose, calada a calada, pero «todavía con el nervio», David Ormaza recordaba al anochecer que su suerte podría haber sido diferente si se hubiera montado en el primer vagón, tal y como acostumbra a hacer «toda mi familia». «Es el que te deja más cerca de la salida por eso me gusta más, pero hoy, no se por qué, por casualidad, me he montado en el segundo», reconocía. Junto a él, su madre trataba de analizar el accidente sin encontrar explicaciones. «Algo le tiene que haber pasado al conductor, desde la anterior parada apenas hay un kilómetro hasta Lezama y correr tanto no tiene sentido. Hemos tenido suerte de que sea día laboral, si esto pasa en Santo Tomás o algo parecido hubiera sido una catástrofe», advertía.
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