Hay una mitad de la ansiedad por la tripulación del 'Alakrana' que se reparte anónimamente por varios países de África y Asia. Además de las casas de los 16 vascos y gallegos que siguen las noticias del secuestro, hay otros veinte hogares remotos que están pasando por lo mismo. Tres en Senegal, cuatro en Ghana, dos en Costa de Marfil, dos en Madagascar, uno en Seychelles y ocho en Indonesia. Los españoles suelen copar los puestos de oficiales y de mando en los atuneros. También hay algunos marineros, pero el grueso de la tripulación de faena se compone de extranjeros, generalmente africanos. Como tienen base en el puerto de Seychelles siempre suele haber uno de este país, un mínimo según acuerdos establecidos con el Gobierno local. El del 'Alakrana' se llama Wilson Jean Pilate, 38 años, y vive en el barrio de Union Vale, elevado sobre una colina en las afueras de Victoria.
Desde su casa se ve el mar pero Pamela, su mujer, apenas sale y lleva encerrada desde el día en que le dieron la noticia del secuestro. Ha dejado de trabajar. «Se queda en silencio, sin hablar y de repente vuelve a llorar, le cuesta hasta comer, no deja de pensar», dicen sus familiares en el salón. «No puedo parar de llorar cada día», confiesa. Pamela habla el francés criollo, kreol seselwa, la lengua propia de Seychelles, y apenas se arregla en inglés o francés. Ayuda a traducir su familia. «Sólo he hablado con él un día, cuando dejaron llamar a todos, y me dijo que estaba bien, pero a lo mejor lo decía para no preocuparme, no sé si creerlo. Después, nada. No hago más que mirar el teléfono», murmura. Pamela asegura que la conversación con Wilson fue de unos quince minutos, aunque las familias españolas han coincidido en señalar que en su caso fueron breves.
22 años en la mar
Cuenta que Wilson lleva 22 años en el mar, que es su pasión y nunca se ha lamentado de su trabajo. Son pareja desde hace siete años. En el salón escuchan sus tres hijos, de un matrimonio anterior. El Gobierno de Seychelles, dicen, se ha puesto en contacto con ellos, pero apenas les ha dado información. En el 'Playa de Bakio', el año pasado, había otro ciudadano de Seychelles, pero el trato a su familia fue muy descuidado e incluso no permitieron a su padre entrar al muelle a recibirle con los periodistas.
Los marineros africanos valen mucho menos para los piratas, porque sus países apenas se interesan por ellos o no tienen recursos para pagar rescates. Los últimos secuestros de ciudadanos de Seychelles, este año, duraron tres y siete meses. Por esa razón también se temen deserciones en los barcos españoles, pues los africanos piensan que con ellos los piratas tendrán menos contemplaciones.
Senegaleses y ghaneses son los que tienen fama de trabajar mejor. En el 'Alakrana' hay hasta ocho indonesios porque son especialistas en quitar las agallas al pescado y conservarlos en seco, un producto que se paga muy bien en el mercado de Japón.