El arma más mortífera de la insurgencia volvió ayer a cebarse con las fuerzas españolas. «Un artefacto explosivo improvisado hizo explosión al paso de un blindado», informó textualmente el Ministerio de Defensa, y causó la muerte del cabo Cristo Ancor Cabello Santana y heridas leves a los otros cinco militares que viajaban en el mismo vehículo.
Estos artilugios (IED, por sus siglas en inglés) provocaron en los primeros meses de este año el triple de muertes que en el mismo período de 2008 -según los datos publicados por la Organización Conjunta Contra Explosivos Improvisados, dependiente del Departamento de Defensa americano- y son el mayor enemigo en esta guerra de Afganistán. Escondidos en coches, animales, árboles o bajo tierra a la espera de ser detonados al paso de un convoy, la insurgencia ha demostrado haber evolucionado en las diferentes maneras de fabricarlos.
«Pashtun Zarghun no es Shindand, pero vuelve a quedar claro que la amenaza crece», aseguran fuentes militares españolas consultadas en Kabul. Cuando había que hablar de 'zonas rojas', los mandos españoles miraban hasta ahora al sur y especialmente a Shindand, el último lugar en el que la sangre española tiñó de rojo el suelo de Afganistán por culpa de un IED. Aquel 24 de septiembre de 2007 fallecieron los soldados Germán Pérez Burgos y Estanley Mera Vera y el traductor Roohulah Mosavi.
Esta vez, el lugar elegido fue Pashtun Zarghun, una zona al este de la ciudad de Herat sobre la que las autoridades afganas llevan advirtiendo desde hace meses de su peligrosidad. El propio gobernador de Herat, Ahmad Yousaf Nuristani, señaló incluso al señor de la guerra local y comandante de Hizb-Islami Ghulam Yahya Akbari como la principal amenaza para el Ggobierno de Kabul y las fuerzas internacionales en la zona. Además de Pashtun Zarghon, Yahya Akbari alardea de tener bajo su control otros distritos como Guzrah y Ghoryan.
Periodistas locales consultados por este periódico tras el último ataque sufrido por España apuntaron «sin dudas» a los hombres de Yahya como los culpables de esta acción. «Su poder no para de crecer y nadie le frena porque parece tener protección de ciertos sectores de Kabul», aseguran desde el anonimato. Ya este verano, las fuerzas especiales norteamericanas decidieron tomar cartas en el asunto y, pocos días antes de las elecciones del pasado 20 de agosto, lanzaron una operación para acabar con Yahya. No lograron su objetivo y mataron a su hijo Zekria, de 25 años. Desde entonces, la oleada de violencia no se ha detenido, aunque la explosión de ayer es la acción más grave contra las fuerzas de la OTAN en la ciudad después de los lanzamientos de cohetes contra la base internacional y el aeropuerto de Herat. La técnica empleada fue la que mejor controla la insurgencia, el IED.
Soportar bajas
«Estamos preparados para soportar bajas. ¿Pero lo está la opinión pública española?», preguntaban a este enviado especial los militares españoles durante el empotramiento realizado a comienzos de septiembre. La 'Task Force Fuerteventura' -al igual que el resto de unidades- a la que pertenecía el cabo asesinado abrió a este periódico sus puertas para mostrar el equipamiento, los vehículos y su capacidad de respuesta en caso de emergencia. En su flota sobresalen los blindados BMR como el que ayer resultó alcanzado.
Este destacamento es la conocida como fuerza de reacción rápida (QRF, por sus siglas en inglés) y sus mandos en Herat saben muy bien el peligro al que se enfrentan cada vez que sus miembros salen de la seguridad de la base. «Pero para eso estamos aquí, es nuestro trabajo», insisten al preguntarles sobre la peligrosidad de la misión. Con la ametralladora 12-70 lista, cajas de munición y víveres para varias jornadas, cada vehículo es una máquina de guerra, pero ante un artefacto explosivo improvisado no hay respuesta posible.