El pasado 22 de septiembre Estitxu Salinas (Vitoria, 30 de mayo de 1979) coronó el Cho Oyu (8.201 metros) junto al llodiano Roberto Rojo, Gorri. Casi sin pretenderlo, se convirtió en la primera alavesa en coronar uno de los catorce 'ochomiles' oficiales. Y fue sin quererlo apenas porque a Estitxu no le van las carreras, establecer competiciones ni colgarse medallas. Una vez en casa, reposada del cansacio y las emociones, habla de su aventura ya casi pensando en pasar página.
- Habrá asimilado lo conseguido hace dos semanas, ¿no?
-Bueno, sí. Ya he tenido unos días para hacerlo. Aunque vamos poco a poco.
-Lo habrá celebrado con los suyos.
-Por supuesto. Con la familia y los amigos. Nada especial.
-¿Nota que su hito está siendo valorado?
-La gente ha estado informada. He llegado a Vitoria y me he dado cuenta de que el tema se ha seguido, aunque tampoco pretendo que me llamen de todos los medios. He subido un 'ochomil', pero soy la primera que tampoco le quiero dar tanta importancia. Es verdad que he sido la primera alavesa en subir, pero hay otros montañeros que hacen cosas mucho más importantes y tal vez no tengan tanta repercusión. De todas formas, Gorri y yo estamos encantados del trato que nos habéis dado.
-¿Cómo surgió la idea de irse al Cho Oyu?
-Estuve con Gorri el año pasado en el Manaslu y a él le surgió el plan de ir al Cho Oyu. Me llamó, me lo pensé un poco y acepté.
-Dijo que sí, pero debió asumir de su bolsillo el costo de la expedición. Más de 6.000 euros por persona.
-Así es. Hay que ahorrar durante dos años enteros para subir un 'ochomil'. Es un sacrificio, aunque a mí no me cuesta ahorrarlo para esto. Otras personas opinarán que es demasiado dinero para ir luego a un monte a sufrir.
-¿Se preparó físicamente antes de ir al Himalaya?
-Pues no mucho. Habitualmente hago deporte y es lo que he hecho antes de marcharme para allí. Tampoco por mi trabajo tengo mucho tiempo para entrenar.
-¿Le ha costado aclimatarse?
-La verdad es que no. Tuve dolor de cabeza los primeros días, pero poco a poco me fui amoldando a la altura sin demasiados problemas.
-Llega al campo base y ve a lo lejos la cima del Cho Oyu. ¿Qué se le pasó por la cabeza?
-Lo primero, que hay que trabajar. Pensar en retos pequeños y no hacerlo en la cima. Hombre, cuando decides en el campo II que vas hacia arriba, sí. Pero antes es preferible ir con calma. A diferencia del Manaslu, esta vez se fueron cumpliendo los planes y la aclimatación. Este año me he encontrado mejor. A partir de 7.000 metros no sabía cómo iba a estar y realmente me sentí muy bien.
Desconcierto y alegría
-¿Qué sintió cuándo pisó la cima?
-Lo primero que hice fue mirar al horizonte y preguntarme dónde estaba Everest. La cima del Cho Oyu está en una llanura o plató muy extenso. Se supone que sólo coronas la cumbre cuando ves entero el Everest. No teníamos muy claro hacia dónde dirigirnos, íbamos con algunas referencias... Cuando por fin lo vimos, sentimos una alegría inmensa. Me abracé a Gorri, nos sacamos unas fotografías y enseguida para abajo.
-Pasaron mucho tiempo en altura, 22 horas hasta bajar al campo base. Usted confesó que la bajada se le había hecho larga.
-Sí, muy larga. Veníamos de hacer un esfuerzo muy grande y las piernas no te responden de la misma manera. Encima, porteamos todo entre Gorri y yo y el esfuerzo es aún mayor. Fueron cuatro días en los que apenas comimos ni bebimos. Sólo cuando llegas al campo base piensas que el monte es tuyo.
-Y ahora a descansar. ¿Podrá desconectar?
-Por supuesto. Esta semana me la he cogido de vacaciones para estar con la familia y los amigos.
-¿Algún proyecto de futuro?
-De momento, nada. Veremos a ver qué pasa. Hombre, si me llama Gorri...