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Álava

08.10.09 -

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Once de la mañana en la planta séptima del pabellón A del hospital Santiago. Carlos Martín, un mocetón de 37 años y con un historial de cálculos renales como para rellenar varios tomos, enfila el pasillo con cara de satisfacción. Él, un habitual de los viajes al centro sanitario de Galdakao, será el encargo de estrenar la unidad Jesús Echevarría.
¿Nervios? De puertas para afuera, ni el más mínimo indicio. Más bien al contrario. Sonriente, seguro y con ganas de tumbarse en la camilla. «Es que tengo un amplio historial y siempre era un incordio tener que irte hasta el hospital de Galdakao», proclama con una sonrisa de oreja a oreja. Martín, residente en Vitoria, lo dice con conocimiento de causa.
«Irte andando»
Casi de carrerilla recita un protocolo de actuación casi interminable. Rememora los días perdidos, las esperas y, una vez superados todos los filtros, el acompañamiento de un familiar o amigo para cubrir los casi setenta kilómetros de ida y vuelta a la localidad vizcaína. «A algún paciente incluso se le reproducía el problema en la vuelta», desvela el doctor Extramiana.
No será el caso de Carlos. «Esto te pilla al lado y hasta puedes venir solo y marcharte andando», se felicita. De hecho, estrenó una de las diez camas habilitadas en la habitación contigua. La suya fue una mañana de nuevas marcas. Y es que su tratamiento -ayer también hubo otro paciente- abrió la puerta de un sistema que aspira a atender a seiscientos pacientes al año.
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