El científico británico James Lovelock, padre de la teoría 'Gaia' -la Tierra es un organismo vivo que se autorregula- dijo ayer que si la Humanidad quiere «sobrevivir» debe apostar más por la energía nuclear y menos por las renovables. Sólo así se podrá atenuar el, a su juicio, imparable proceso de cambio climático.
«La energía renovable nunca podrá proveer suficiente» electricidad, excepto en un futuro en zonas como el sur de España o el desierto del Sahara, comentó Lovelock, que recibió el premio Fonseca de divulgación científica en la Universidad de Santiago de Compostela. «No podemos ir emitiendo dióxido de carbono a la atmósfera, algo inevitable al quemar carbón o petróleo, ya que atraer elCO2 y enterrarlo es algo que no se producirá hasta dentro de 40 o 50 años, cuando ya sea tarde», dijo.
Lovelock indicó que, en Francia, la energía nuclear permite producir la electricidad necesaria y consideró que «el problema de los residuos nucleares ha sido ampliamente exagerado». Subrayó que «los residuos que una simple planta nuclear produce al año caben en un coche», mientras que el dióxido de carbono generado por el ser humano equivale a «una montaña de 1,5 kilómetros de altura y 20 kilómetros de circunferencia en su base».
Se declaró dispuesto a enterrar residuos nucleares cerca de su casa ya que «no es peligroso» porque «no representan amenaza» comparados con el dióxido de carbono, que «eso sí que es una mortífera basura que nos matará a todos». «No hay vuelta atrás», consideró, en el proceso de calentamiento global planetario, porque «aunque todo el mundo cesara mañana de quemar combustibles fósiles», la Tierra «se volvería más caliente, no más fría». Explicó que las partículas en suspensión que reflejan los rayos solares no caerán «hasta dentro de 200 años».
Apocalíptico
Lovelock dijo tener una visión «apocalíptica» al afirmar: «Si tengo razón, puede que sólo haya mil millones de personas que puedan sobrevivir a finales de este siglo», de los más de seis mil millones actuales. «Y no es cuestión de sentirse culpable, porque el ser humano «no procedió deliberadamente a destruir el planeta, ya que cuando empezó a hacer fuego hace un millón de años no tenía idea de las consecuencias».
Según el científico, las energías alternativas representan «un negocio beneficioso» que atrae a empresas interesadas en «comerciar con CO2» y otras iniciativas con las que obtener subsidios de los gobiernos, «pero no responden al problema». Señaló que zonas como Galicia, Reino Unido o Irlanda verán atenuadas las consecuencias del calentamiento global «porque el océano mantendrá el fresco, pero la mayor parte de Europa se convertirá en un desierto como el Sáhara». Sin embargo, advirtió de que «el problema no será tanto el calor como la producción de alimentos», y subrayó que India, China y Norteamérica «tendrán climas intolerables» en cien años, aunque esto, admitió, son sólo «hipótesis».