Hoy arribarán al puerto de Victoria, la capital de Seychelles, dos atuneros franceses y nadie duda de cómo llegarán. «Hasta arriba de atunes. Ya verás, esos no tienen problemas, ni de piratas ni de toneladas», comentan los marineros españoles, que este año vuelven a tener una campaña mala. Los cuatro militares que los franceses llevan a bordo les permiten adentrarse donde los españoles no pueden, en la zona de riesgo más cercana a Somalia, donde están los mejores caladeros. Los piratas no se acercan. Los soldados franceses disparan una ráfaga a la primera sospecha y pueden estar abriendo fuego durante tres horas. En cambio, desde el secuestro del 'Alakrana' la flota española se ha ido hacia el Este por seguridad. «Pero nada, a pasear y gastar gasolina, porque ahí es donde vas en diciembre, ahora no hay nada», lamentan en el puerto.
Entre las tripulaciones españolas la introducción de seguridad privada crea incertidumbre y hay división. «A lo mejor yo prefiero levantar las manos, porque si te lías a tiros y al final suben es peor», explica un miembro del 'Intertuna'. Por esa razón todos prefieren soldados bien armados que un agente de seguridad con un fusil, como propone el Gobierno. Y lo que más desean es estar tranquilos. Lo peor en estos meses es no dormir, por los nervios y la ansiedad. Es el principal problema de las tripulaciones, pues al amanecer espera una dura jornada de trabajo.
Los franceses tienen campo libre y ninguna competencia con todas las balizas diseminadas por el Índico. Son estructuras artificiales, de madera y redes, que los barcos sueltan y flotan a la deriva con una señal localizadora, aunque puede aprovecharla cualquier pesquero que pase. Bajo ellas se forman colonias de alimento que atraen a los peces pequeños y, tras ellos, a los atunes. Se concentran en torno a estos puntos especialmente durante la noche. Si un atunero localiza una baliza en las proximidades se acerca a ver si hay suerte. Es lo que le pasó al 'Alakrana', que acababa de salir de puerto el miércoles, 30 de septiembre. Vio una baliza a más de 400 millas de la costa somalí y fue para allá, con la idea de luego ir subiendo hacia la llamada zona de seguridad. No es que saliera de ella o se alejara, como se ha dicho estos días, es que no había llegado todavía a ella. Y tuvo tan mala suerte que le pillaron, a los dos días de zarpar. Esas balizas donde está la pesca, a las que los españoles no se pueden acercar ahora, son todas para los franceses. «Se están poniendo morados», confesaba ayer un responsable de la flota española.