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El fotógrafo Asier Bastida, que expone su obra en la sala Fundación Caja Vital, ofreció ayer una conferencia sobre la labor diaria con la cámara
06.10.09 -

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«El Casco Viejo es un mundo fascinante»
Asier Bastida examina unas copias fotográficas en papel, en su exposición 'Huella de una estrella'. / JOSÉ MONTES
El paso de los años no ha conseguido apagar la mirada de Asier Bastida. El fotógrafo, cuyo trabajo más personal -llamado 'Huella de una estrella'- puede apreciarse en la sala Fundación Caja Vital, asegura que Vitoria todavía 'le pone', después de más de un lustro de faena cotidiana en todas sus esquinas, como informador gráfico. «Ahora estoy trabajando en el Casco Viejo, que es el gran desconocido. Es un mundo fascinante, una aventura y un rincón olvidado por los vitorianos. Si inviertes -no gastas- un poco de tiempo paseando, esta ciudad es un sitio grande y con muchas peculiaridades por descubrir».
Precisamente, la vertiente periodística de su carrera es la que Bastida desarrolló ayer en el aula Luis de Ajuria, dentro del ciclo 'Lunes fotográficos'. Por eso, la conferencia organizada por la Sociedad Fotográfica Alavesa llevaba por título 'Una labor día a día'. «Más que nada es por la escuelaque supone. A veces se habla de la fotografía con mucha parafernalia. Pero la gente que venimos del mundo de la Prensa tenemos la mejor escuela para ganar una versatilidad que igual no adquieres en otro tipo de trabajos», razona.
Eso sí, Bastida tiene claro que «no quiero ser un ejemplo para nadie. Tan sólo hablo de mi propia experiencia cómo un ejemplo de cómo puedes llegar a desenvolverte en este mundo sin unos estudios fotográficos específicos», indica el hombre de la cámara, economista de carrera.
Detalla que en su trayectoria dentro del periodismo gráfico «no te imaginas que cada año, cada ciclo, puede llegar a ser tan igual al anterior. Hay un calendario más o menos marcado de fiestas y efemérides que te puede empujar a hacer lo mismo de otra manera o mejor. Pero también es un arma de doble filo, porque puedes acabar cansado de lo mismo». ¿ Y eso? «Aprendes mucho, sobre todo de los compañeros. Pero a la larga acaba convirtiéndose en algo parecido a la famosa película de 'El día de la marmota'», exagera.
Pero lo hace para explicar cómo algunas facetas de esta labor «pueden acabar por minar tu ánimo. Si te dejas llevar, terminas por dejar de lado el trabajo más personal. Es algo que vengo a reivindicar porque es un poco la gasolina para el motor del fotógrafo». La razón para ello es que «al trabajar en un medio acabas siguiendo sus intereses, has de cubrir las cosas y a veces no cuentas con un margen de improvisación para poder contarlo de otra manera».
La parte romántica
Aunque se confiesa reacio a dar consejos, Bastida sí reconoce algún error que otro. Y advierte en consecuencia.
«Tuve la buena o mala suerte de empezar a trabajar casi desde el principio, a los 20 o 21 años. Tengo 37 y he trabajado de manera casi continua, lo que ha llegado a hacerme olvidar esa parte romántica de la fotografía. Se trata de disfrutar y aprender, de chapucear en casa y montarte tu laboratorio, algo que empecé a recuperar en 2005. Pienso que no hay que dejarlo».


n.artundo@diario-elcorreo.com
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