Francisco Peralta, el decimotercer obispo de Vitoria, descansará desde mañana martes en la nueva cripta de la catedral vieja de Santa María. Sus restos mortales serán trasladados a las diez de la mañana desde el panteón de los canónigos del cementerio de Santa Isabel, donde fueron inhumados tras su fallecimiento en agosto de 2006.
El actual prelado de la diócesis, Miguel Asurmendi, ha invitado a todos los sacerdotes y religiosos de la provincia a asistir al responso y a la oración, que tendrán lugar en el pórtico de Santa María y al funeral posterior, a las once de la mañana, en la parroquia en memoria de los 14 obispos fallecidos a lo largo de su historia moderna. La diócesis existe desde 1862 y comprendía entonces Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. En 1950 nacieron las de Bilbao y San Sebastián y se desgajaron de Vitoria.
Peralta se une así a los otros cuatro pastores que ya están enterrados en la cripta. Ramiro Fernández de Piérola, Mateo Múgica Urrestarazu, Carmelo Ballester y José María Larrauri. El protocolo canónico establece que los mitrados descansarán en la última diócesis que dirigieron.
Francisco Peralta Ballabriga rigió Vitoria entre 1955 y 1979. Natural de Híjar (Teruel) fue ordenado sacerdote en Roma en 1936. Nombrado obispo en Zaragoza en 1955, hizo su entrada en Vitoria el 31 de marzo de ese año.
Peralta, al que le cabría el sobrenombre del «constructor», hasta sus enemigos le reconocieron la labor de mecenas de la arquitectura cuando se produjo su renuncia en 1978 en una Vitoria aún convulsa por los sucesos de marzo de 1976. Le criticaban por conservador y por no ser sensible con mundo obrero. Nunca renunció a la sotana. Monseñor Miguel Asurmendi recordó en la homilía de su funeral que «sufrió calumnias y descalificaciones», pero destacó lo fecundo de su obra, la reforma litúrgica, las Misiones Diocesanas, las escuelas de formación profesional, barrios obreros como Errekaleor, el catálogo monumental, la facultad de teología, la reforma de la catedral vieja y la terminación de la nueva, pero especialmente sus quince parroquias, entre ellas la de Coronación y Los Ángeles, así como la preparación de varios solares para templos del futuro.
Nuevo sepulcro
La nueva cripta de la catedral de Santa María es un lugar angosto bajo la capilla del Cristo dominado por un hueco de mármol y una cúpula de piedra y bronce donde se reserva espacio hasta para nueve obispos.
Fue construida en 2007 y sustituye a la existente en el altar donde estaban enterrados Fernández de Piérola, Múgica y Ballester. El último en ser inhumado el pasado mes de diciembre fue José María Larrauri.
p.gongora@diario-elcorreo.com