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Marcos Vega y Francisco Pallas, dos temporeros gallegos, han llegado este año a la Rioja Alavesa, como otros muchos españoles, huyendo del desempleo y la crisis

05.10.09 -

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«Esto es peor que la construcción»
Los temporeros gallegos Marcos Vega y su primo Francisco Pallas muestran ayer sendos racimos. / J. ANDRADE
Francisco Pallas, 40 años, y Marcos Vega, 18, son primos. Ambos nacieron en Santiago de Compostela. Los dos han trabajado en la construcción y este año han tenido que venir a la Rioja Alavesa en busca de un empleo temporal «porque el ladrillo en Galicia está fatal. No hay nada». Pallas ya conocía la zona y había regresado después de muchos años durante la pasada vendimia. Ellos reflejan un fenómeno que se ve estos días en la comarca, más temporeros españoles que nunca en busca de una viña donde dejarse los riñones por culpa de la crisis. Y no es fácil encontrar algo porque la mayoría de los viticultores prefieren a sus cuadrillas de siempre, formadas en su mayor parte por gitanos, magrebíes y portugueses.
«Me falta un dedo de un accidente laboral y cobro una pequeña minusvalía. He hecho de todo para ganarme la vida, desde matarife a camarero y vendedor de seguros», cuenta Francisco, que cobra a 5 euros la hora tras el descuento de la vivienda y la comida.
Francisco está soltero y vive con su madre. Sus necesidades aparentemente son menores que la de su primo Marcos, que vive en La Coruña con su madre y dos hermanas menores. Dejó los estudios en segundo de la ESO y se puso a trabajar en la construcción. Incluso se fue a Portugal una temporada, «pero llevaba 8 meses en paro y en casa sólo entran 500 euros de mi madre a media jornada en una pulpeira. Tenía que hacer algo», cuenta.
La veteranía ha hecho que Francisco corte la uva y Marcos cargue el cesto de entre 25 y 30 kilos que hay que llevar a los remolques. Después de 10 días los riñones de ambos se empiezan a resentir. Tanto que Marcos dice que «es peor que la construcción, más duro, porque no se para durante ocho horas».
«Mal pagado»
Además, consideran que está «muy mal pagado». Ambos están contratados y asegurados por una empresa de temporeros que se pone a las órdenes de los viticultores, que son los que marcan los días de vendimia.
En otro tajo cercano, en Villabuena, el clan gitano de los Gabarri, una familia dispersa por toda la Rioja, vendimia en la finca El Somo. Franqui, joven aficionado a la pelota, se arranca por soleares. El ambiente es de fiesta entre los miembros del grupo.
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