Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Sociedad

Aulas de hoy, modales de ayer

04.10.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Padres que abofetean a los maestros; chavales que gritan 'cabrón' al profesor en mitad de clase; alumnos que echan en cara a los docentes lo poco que ganan «porque en casa dicen que sois unos muertos de hambre...». A estas alturas, estamos curados de espanto. Una semana sí y otra también, saltan a los medios de comunicación casos que rompen los esquemas de cualquiera que haya estudiado en España hace más de 40 años.
¿De verdad hubo una época en que se trataba de 'usted' a los profesores? ¿Los estudiantes se ponían de pie cuando entraban en el aula? Sin olvidar, seamos sinceros, que también existían docentes con una extraña debilidad por retorcer orejas, pegar con los nudillos en la cabeza o mirar a las musarañas mientras los alumnos estudiaban las gráficas del precio del corcho... Ahora los profesores se esfuerzan en motivar a los jóvenes, los libros están llenos de colorines y fotos, se fomenta el libre debate en clase y el 'buenrollismo' es el santo y seña. No obstante, pasa lo que pasa. ¿A qué se debe?
EL CORREO se ha dado una vuelta por dos colegios madrileños, uno privado y otro concertado, donde se conservan las formalidades de antaño. Nadie lleva el calzoncillo por encima del pantalón, no se tutea a los profesores y los alumnos se levantan en cuanto alguien entra en el aula. Lo mismo si se trata de un electricista, el alcalde o una periodista recién llegada de Barajas. ¿Cómo lo habrán conseguido? ¿Ya servirá para algo?
De entrada, vayamos conociendo el paño: ambos centros tienen más de medio siglo de historia y perfiles diametralmente opuestos. El colegio mixto Estudio, privado y laico, es heredero del espíritu de la Institución de Libre Enseñanza (un organismo que ya en 1876 se desmarcó en España de la educación confesional) mientras que el colegio Tajamar, concertado, se ajusta al ideario del Opus Dei y sólo imparte clases a chicos. Son las dos caras de una misma moneda: uno y otro tienen cerca de 2.000 alumnos, abarcan toda la educación reglada (Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato) y rondan el 100% de aprobados en la Selectividad. Nada que ver con el 31,2% de fracaso escolar que golpea a los estudiantes españoles.
Total, que sudan la gota gorda para mantener el listón muy alto, y eso que no está el horno para bollos. Incluso ellos, con más o menos matices, se quejan de que «los tiempos han cambiado». Un ejemplo. En Tajamar, se sabe de un padre que dio una colleja a un profesor en mitad de clase. Entró, gritó un par de barbaridades y... ¡zas!
Normal que la propuesta de la presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, dirigida a elevar el rango de los profesores a 'autoridad pública' -equivalente al de un policía, magistrado o médico- no haya caído en saco roto. La Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), que integra a los colegios del Opus, ha pedido que ese proyecto se extienda a la educación concertada y privada de Madrid. O sea, que si agredes a un docente, te pueden caer entre dos y cuatro años de cárcel. Las cosas habían ido muy lejos. Y aun así, todavía hay maestros que siguen adelante, a pecho descubierto y con la ilusión de siempre. La vocación es la vocación.
«Aunque el sacrificio y el amor por el trabajo no están de moda, nosotros no tiramos la toalla. Hay que volver a esos ideales... A ver si nos damos cuenta de que todo lo demás -las nuevas tecnologías o los idiomas- son cuestiones meramente instrumentales. Lo importante es la base. ¿Qué clase de persona queremos formar? ¿Qué valores le inculcamos?», se pregunta con pasión Alfonso Aguiló, director de Tajamar.
En su familia eran trece hermanos y su padre se preocupó de forjarles el carácter desde que eran bebés. «Sí, sí, no es una exageración. Los niños saben manipular muy bien a la familia y eso, por el bien de los chavales, no debe consentirse. ¿Cómo piensas educar a un crío si dejas que te manipule?». Es un tema que le preocupa enormemente. Sobre todo porque nota que los docentes han perdido terreno: «Antes se nos veía como una autoridad y ahora parece que somos simples proveedores de servicios». A su juicio, ahí reside la clave: si no se cuenta con el apoyo incondicional de los padres, los profesores ya pueden decir misa... Nadie les hará caso. La unión hace la fuerza.
«Insisto: las normas de conducta son lo primero. La capacidad de servicio hacia los demás, la templanza y el sacrificio..., todo eso es lo realmente importante. ¡En eso consiste la educación! Aunque ahora, qué lamentable, imperan el infantilismo y la sobreprotección». Males que no se encuentran en Tajamar; no hay más que fijarse en la expresión de cualquier chaval mientras escucha a su preceptor (tutor), ya sea a la sombra de un árbol, en el pasillo o junto a la capilla. Allí se respira admiración y obediencia.
En Estudio, el antiguo colegio de la ex ministra de Educación Mercedes Cabrera, también se aplican a fondo. La plantilla de profesores sigue empeñada en sacar adelante un proyecto pedagógico que prioriza la libertad de pensamiento, la creatividad y el arte; y, claro, todo eso no resulta nada fácil cuando los críos viven encerrados en sí mismos. «Hombre, los hay más 'tocados' que antes. ¿Por qué? Yo lo achaco a la soledad. Los horarios laborales son una locura, los padres ven poco a los hijos y eso termina pasando factura. La ausencia de la figura materna les afecta mucho», reconoce Elena Flórez, directora del centro.
Muchos pequeñines no saben ni abrocharse el abrigo, y los mayores padecen insomnio cuando se les insulta en Internet. «Pues sí, se les ve tan, tan desvalidos... Nosotros nos esforzamos en infundirles confianza, sobre todo en Primaria, para que luego no se angustien cada dos por tres». Aquí entra en juego el deporte, una actividad esencial en Estudio para templar los ánimos. Y es que no se lo pierdan: los alumnos de Secundaria tienen una hora de gimnasia todos los días, a costa del recreo. «Es mejor no darles un descanso. Los adolescentes no saben aprovecharlo y así, al menos, se desfogan», razona Flórez mientras observa a un grupo de chicas jugando a voleibol. No muy animadas, todo hay que decirlo.
Entre los 14 y 15 años suelen dar problemas. Ya saben, los chavales se encuentran en tierra de nadie, con la infancia a sus espaldas y una madurez incipiente y, a veces, faltona que puede sacar de quicio a los adultos. «Aunque, oye, los profesores varones tenemos una ventaja. Muchos críos se han educado con maestras, el padre no ha ejercido nunca su autoridad y entonces se encuentran con un hombre que se impone... ¡Gran novedad! Somos la primera autoridad masculina que conocen. Lo malo es que nos 'miden', prueban y hasta machacan. Justo, justo lo que deberían hacer con su padre», se queja con una sonrisa Miguel Vázquez de Castro, profesor de Ciencias Sociales y Geografía en Estudio. Ay, qué difícil resulta inculcar disciplina...
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS