«Es difícil reflexionar sobre la vida si no se reflexiona sobre la muerte». 'Minuta de un testamento' (Taurus) son las clarividentes memorias del pintor Eduardo Arroyo, escritas en clave mortuoria; un relato irónico, irreverente y cáustico, muy cáustico. Si las lee, tenga cuidado, no se le vaya a derramar alguna frase del libro. O de esta entrevista.
-¿No sabe que morirse está mal visto, que es una ordinariez?
-Sí, es una cosa desagradable; sobre todo para el que la padece. Ésta es una sociedad tremendamente hedonista, de Pasarela Cibeles. Yo no estoy educado así.
-Dice estar «preso de una locura testamentaria». ¿Como en el comer y en el rascar...?
-Llevo hechos muchos testamentos, como Stendhal. No me cuesta ningún trabajo. Seguramente dentro de tres o cuatro meses haré un enésimo testamento, completamente actualizado. Soy un gran partidario de los testamentos.
-Franco también lo dejó todo atado y bien atado, y fíjese...
-Con el tiempo todo se deshilacha. Pero yo no tengo ningún deseo de perennidad. Cuando haya desaparecido, serán los otros los que dirán si he existido, si verdaderamente tiene sentido mi obra. Será interesante saberlo... aunque en realidad no me interesará nada, porque ya estaré en el hoyo.
-¿Cuándo considera que hay que pasar por la notaría?
-Lo más rápidamente posible. Cuando la parca no ha asomado completamente las orejas y todavía no estás muy desanimado.
-Lagarto, lagarto.
-Al contrario, cuanto más se habla de la muerte, más se aleja.
-Pasó de periodista a pintor, ¿nunca pensó en dedicarse a algo serio?
-No, me vino dado. Yo estaba muy influenciado por los escritores americanos, como Hemingway, y creía que para ser escritor había que ser antes periodista. Y sin darme cuenta me convertí en pintor. En realidad, todo esto que soy son una serie de avatares.
-Y el cabreo que destila, ¿le venía de serie?
-Ja, ja. A veces me avergüenza. Me he pasado toda la vida, desde que era un niño, luchando contra mi ira. Soy iracundo y colérico y eso no está bien, ja, ja...
-Define a la ex ministra de Cultura, Carmen Calvo, como una «barbarella pizpireta». Miedo me da preguntarle por los miembros y 'miembras' de este Gobierno.
-Las cuotas me dejan perplejo. Yo aceptaría un Gobierno únicamente de mujeres, a condición de que no fueran tontas. Y me parecería perfecto que fuera todo de hombres. Es una cuestión de capacidad.
-Pero la actual ministra, Ángeles González-Sinde...
-Es que no sé quién es, perdone, no sé quién es ni quiero saberlo, me da igual.
-¿Realmente esta izquierda «victimista y pancartista» le defrauda tanto o lo hace por provocar?
-No, no. Lo único que no soy es provocador. Soy un hombre de izquierdas, lo que pasa es que mi izquierda no es la que estoy viendo, que es para mondarse.
-El lehendakari, Patxi López, presume de ser amante del arte, de la música, sale en 'Vanity Fair'... ¿A usted le parece 'cool'?
-No le conozco, pero me parece un hombre interesante, serio. No sabía que tuviera esas veleidades. Dice las menos tonterías posibles.
-«Las circunstancias pueden obligarnos a la mentira, pero nunca al silencio», dice en su libro. ¿Le recomendaría su lectura a Camps?
-Lo de Camps es alucinante. Yo no voy a las tiendas porque me producen una angustia tremenda y casi siempre, por mi configuración física, echo mano de sastres a medida. Pero, hombre, lo que no se puede es vestirse así, con esos trajes y esas horribles camisas. Y ese otro...
-¿Ricardo Costa?
-¡Ése todavía es más cursi! Si te cogen la mano, por lo menos que sea porque te haces los trajes en Burgos...
-¿...?
-...no en Burgos ciudad; en Burgos, el sastre. O en otro más caro. Pero todo esto por vestirse en Milano... es para tirarse por los suelos.
-¿No le resulta interesante ese fondo de armario como legado?
-¡Pero por favor! Se perdona todo, menos el ridículo. Aunque yo no soy muy beligerante con estos tipos; como no los voto, no me interesan nada.
-¿La crisis espolea al arte?
-Un artista vive permanentemente en crisis. Yo no he hecho más que vivir en crisis. Son ciclos.
-¿Cómo le gustaría pasar a la historia del arte español?
-Me da igual. Pero creía que me iba a preguntar respecto a la historia del arte de Castilla y León.
-Bien. ¿Cómo le gustaría pasar a la historia del arte castellano-leonés?
-De puntillas, que no se den cuenta que no estoy. Aunque en realidad ya no estoy. Pero me da igual.
-Para acabar, un epitafio.
-'Eduardo Arroyo, pintor'. Y si hay dinero, también la fecha.