«Trabajo con la densidad. La importancia del resto es algo relativo», razona Antonio Torres Ayerdi. El escultor guipuzcoano, afincado en Amurrio, presenta hasta finales de este mes en la galería Felisa Navarro una selección de piezas en las que refleja diversos modos de plantear la creación tridimensional, a través de un material esencial para el autor: la madera.
La sala del número 2 de la calle Cercas Bajas acoge una docena de creaciones «que son representativas del trabajo que hago ahora, y también del anterior», ya que Torres retoma en algunos casos líneas abiertas años atrás para aportar una nueva visión en torno a las mismas. «No me siento obligado a cerrar caminos», argumenta. Entre sus obras, «hay abstractas, realistas, geométricas y orgánicas», según su propia descripción, porque «es algo que convive en mí. Lo que las aúna es la forma en la que entiendo la escultura y la trabajo».
En este sentido, el volumen es un aspecto al que concede importancia, pero no como fin. «Aunque trato de definirlo, me llama más lo que contiene. No hay planos sin volumen, claro que la obra ha de transmitir esa densidad, así como la experiencia de la propia pieza».
Y es que Torres propone al espectador «penetrar en la obra, en ese hábitat», tal y como él mismo se siente cuando elabora cada trabajo. «Yo me siento dentro, como si vivo en esa escultura o como si yo soy ella», llega a asegurar, porque aunque su metodología incluye la preparación de cada propuesta mediante una serie de bocetos, llega un momento en el que «hay que olvidarse del guión y conectarse a la pieza».
Superficies y títulos
Por este motivo, la madera que emplea en cada caso no resulta un factor capital, sino «en cuanto me ayude a abordar una vivencia. Ha de ser capaz de contenerla». De ahí que en algunos casos la superficie escultórica revele las vetas naturales del material, mientras que en otros presenta un color negro uniforme, que también posee el único trabajo en bronce presente en la galería y que le aporta una cierta similitud visual.
Aparte de buscar en su labor «una aproximación espiritual a algo que compartimos por el hecho de ser personas», el escultor también se acerca a los receptores de sus creaciones, a través de los títulos. «Ayudan a la gente a posicionarse ante las obras, ayudan a entenderlas. Tengo mi lenguaje, pero no es verbal. Lo único es este puente verbal», describe el autor de piezas como 'Mina', 'Laluz', 'Pórtico', 'Finisterre', 'Vacío', 'P-es' o 'Vínculo'.
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