El alcohol y las drogas ilegales siguen siendo fieles compañeros de viaje de muchos jóvenes -buena parte de ellos menores-, que cada vez más aprovechan su tiempo de ocio para fumarse un porro o entonarse con un 'katxi' de ron, vodka o Licor 43. Tanto es así que, según recoge el último Plan de Drogas y Adicciones, el 70% de los adolescentes de 12 a 18 años consume alcohol los fines de semana y casi cinco de cada diez admiten haber probado el hachís. Conocido el diagnóstico, el Ayuntamiento puso en marcha a comienzos de año un plan pionero para la prevención, asistencia y orientación de aquellos menores sorprendidos por la Policía Local haciendo 'botellón' o liándose un 'canuto'.
Coordinado por Joseba Zabala, médico especialista en drogodependencias, el plan de Acción Local sobre Drogas -así se llama el programa- busca abordar el problema desde una perspectiva pedagógica y no sancionadora. Para ello, -a partir del trabajo de vigilancia y control que lleva a cabo la Guardia Urbana en colegios, parques y plazas de la ciudad-, el Departamento municipal de Seguridad Ciudadana ofrece a estos menores la posibilidad de realizar un trabajo crítico y educativo «sobre los peligros asociados a las drogas y que ellos mismos han estado experimentando», explica el coordinador del plan. A cambio, eluden la multa de entre 300 y 600 euros que llevan parejos el consumo y la tenencia de sustancias estupefacientes.
Entre enero y julio de este año, la Policía municipal abrió 156 expedientes de sanción -una media de casi treinta al mes- a otros tantos menores por consumir alcohol, cannabis o marihuana en la calle o en bares de la ciudad. De ellos, 121 fueron identificados por hacer 'botellón'; los 35 restantes, por tenencia y consumo de drogas.
Acotada la labor de campo, el plan para la prevención, asistencia y orientación de menores consumidores se pone en marcha. Y el primer paso es avisar a los padres. «En cuanto la Policía nos pasa el informe, se les envía una carta para informarles del hecho y ofrecerles una cita personal en Aguirrelanda», explica Joseba Zabala. ¿Su reacción? Varía en función del tipo de sustancia con la que hayan sido sorprendidos sus hijos.
Entrevista a tres bandas
Si se trata de alcohol, apenas dos de cada diez familias responden. Cuando en la misiva se mencionan las palabras cannabis, marihuana o cocaína, la cosa cambia. En este caso, casi el 80% de los padres reacciona y se pone en contacto con el experto en drogodependencias, con el que se citan para una primera entrevista personal a tres bandas: médico, padres e hijo.
«En ella, el chaval admite ante sus padres que le han pillado fumando. Lo reconoce y, a partir de ahí, puede decidir entre hacer frente a la sanción o realizar una tarea crítica y analítica sobre las drogas que él mismo ha estado experimentando», abunda el responsable del plan municipal.
La decisión es unánime en todos los casos, de tal forma que, en los siete primeros meses de este año, una treintena de chavales ha iniciado el «proceso diagnóstico-orientador» que les propone el médico experto en salud pública. Por lo general, los menores que han pasado por Aguirrelanda durante el primer semestre del responden a un «patrón normal de socialización», por lo que la 'terapia' se circunscribe a un trabajo crítico y documental con un ordenador. «Esto obliga al chaval a realizar una labor personal en formato de presentación 'power point' que debe contrastar conmigo y defender».
El poso queda
Una vez finalizado el proceso, que se prolonga durante «tres o cuatro sesiones», al chaval le toca defender su 'tesis' delante de su familia. «Para entonces, su actitud es mucho más comunicativa que en la primera cita. El trabajo realizado sirve, sin duda, de aprendizaje, y ése es un poso que queda ahí, aunque se aplique de manera diferida», defiende Joseba Zabala.
En el caso de que durante el proceso diagnóstico el experto advierta evidencias de adicción, inadaptación o fracaso escolar, el menor es derivado al servicio que necesite. Así, entre los pasados meses de enero y julio, cinco menores fueron orientados a servicios educativos. Dos recibieron orientación laboral, uno fue remitido a un centro de atención primaria y otro más a un servicio especializado de salud.