La Supercopa ha dejado de ser un torneo en el que participan cuatro equipos y que termina por llevarse el Baskonia. La escuadra azulgrana se dio ayer un respiro en su idilio con esta cita de apertura del curso ACB después de cuatro años consecutivos de cortejo. Desfigurado por las ausencias de Oleson, Herrmann, Huertas y Eliyahu, cosido con retales de urgencia y en fase accidentada de rodaje, cedió al Real Madrid el puesto en la final de esta tarde contra el Barça.
Y lo hizo con auténtico estrépito, con uno de esos resultados que se hunden hasta la empuñadura en el orgullo, por mucho que se trate de un torneo de rango menor y por mucho que quede para las citas de altura de la campaña 2009-10. De momento, no le va a faltar trabajo al Baskonia en la cancha de entrenamiento. Cuando logre hacer 'quórum', claro.
Ojalá que el duelo decisivo que dirima el ganador de la Supercopa no sea el anticipo de una temporada con partitura interpretada a cuatro manos entre blaugranas y 'merengues'. A buen seguro que algo tendrá que decir al respecto el Baskonia, aunque a día de hoy viva más pendiente de cartílagos, tobillos, plasmas y demás terapias curativas. En su primera cita oficial, las circunstancias le condenaron a ser un equipo disminuido e inofensivo, golpeado como un títere por un rival que quiso marcar territorio para lo que pueda venir en el futuro.
Rodillo
En el primer choque de la temporada ante el Real Madrid del cesáreo Ettore Messina, el Baskonia no pudo espantar al fantasma de lo previsible, ese pronóstico fácil que le colocaba como víctima del que es quizás el equipo más caro de Europa. La derrota cayó como una demoledora losa de lógica numérica.
Con el plantel vitoriano hecho un trapo, el Real Madrid aplicó el rodillo de una plantilla interminable en talento y efectivos, por mucho que le faltaran Lavrinovic y Van den Spiegel. Empequeñeció a un Caja Laboral ya de por sí mermado por las bajas para borrarlo por completo del mapa y convertirlo en una máquina rota y sufriente.
Porque apenas le duró el fuelle al Baskonia tres minutos. Tras un inicio prometedor con un Splitter dominante en la pintura y el arrojo en las penetraciones de San Emeterio, el plantel vitoriano desconectó la corriente en el primer zarpazo del Real Madrid. Con Prigioni gustándose ante su ex equipo y sacando el repertorio de pases y lanzamientos, los blancos se anotaron un primer parcial de 0-10 (9-18, minuto 6), respondido de inmediato con dos ráfagas de Teletovic.
En los dos últimos minutos del primer cuarto, los de Messina vieron la debilidad del Caja Laboral, su asfixia en defensa y su imprecisión ofensiva, y atacaron directamente a la yugular. Mientras el timón baskonista temblaba, Sergio Llull tomaba la batuta para cerrar los diez primeros minutos con una ventaja dolorosa (18-30). Más adelante, suma y sigue y sin noticias del Baskonia. En pleno festival blanco, Bullock firmaba una ventaja de 20 puntos (21-41, minuto 17) que llegó hasta los 23 al descanso (25-48).
Llamada al orgullo
El paso por el vestuario debió suponer un recordatorio de ciertas esencias baskonistas y una llamada inmediata al orgullo para salvar una noche descorazonadora. Con semejante talante irrumpió el Caja Laboral en el tercer cuarto, aunque su cruda realidad médica no le dé para demasiados milagros y menos ante un Madrid inmisericorde. Le dio para recortar distancias hasta los once puntos (42-53, minuto 25) antes de la postrera llamada de atención del Real Madrid.