Patxi López es plenamente consciente de que le queda poco más de una semana para resolver de forma satisfactoria uno de los retos de mayor calado político a los que se enfrenta desde que fue investido lehendakari: el de evitar quedar a los pies de los caballos por un eventual 'no' del PSOE al blindaje del Concierto Económico. En el Gobierno vasco no ocultan que los efectos de una eventual contradicción entre el PSE, que defiende esa medida, y la consigna de voto dictada en Ferraz tendría efectos demoledores y un elevado «coste político» para el Ejecutivo del cambio y también para sus socios preferentes del PP. Por todo ello, López cogerá el toro por los cuernos e intentará atar el respaldo de los socialistas a la fiscalidad vasca directamente con José Luis Rodríguez Zapatero.
«Este asunto se va a resolver al más alto nivel», aseguran fuentes del Gabinete del PSE. Los contactos entre el jefe del Ejecutivo central y el presidente vasco para tratar de reconducir la polémica y alcanzar una solución -añaden- ya se han producido y se seguirán produciendo, sin que eso exceptúe la posibilidad de una reunión cara a cara que, de celebrarse, sería la semana próxima, tras el congreso del PSE, al que Zapatero no acudirá.
Las declaraciones de destacados dirigentes del PSOE durante la jornada de ayer apuntan a que algún efecto están surtiendo las gestiones del lehendakari y su partido, y sirven de base al moderado optimismo con el que se contempla el panorama desde el Gobierno vasco, que prefiere no anticipar un desenlace, si bien los medios consultados recalcan que a nadie se le escapa en Moncloa que la protección jurídica de las normas fiscales vascas es un asunto de capital importancia ya no sólo para Euskadi, sino para la propia credibilidad del Gabinete López.
Tanto el 'número dos' del PSOE, José Blanco, como su portavoz en el Congreso, José Antonio Alonso, evidenciaron ayer que la postura del partido es bien diferente a la que parecía hace sólo una semana. Entonces, los socialistas y la ministra Elena Salgado se escudaron en los problemas técnicos y jurídicos que plantea la reforma de las leyes orgánicas del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional, condición 'sine qua non' para garantizar que el Concierto no pueda ser recurrido ante la Justicia ordinaria, a menos que se modifique la Ley de Territorios Históricos, algo que por ahora no entra en los planes del Gobierno vasco. Sorprendentes fueron las manifestaciones de Blanco por su contundencia y significativas las de Alonso al engarzar con el 'quid' de la cuestión: la necesidad de Zapatero de sacar adelante unos Presupuestos, vapuleados como nunca por la oposición, con el mayor respaldo posible. El primero habló ya de «consenso sin precedentes» en torno al blindaje del Concierto y descartó que el pacto vasco PSE-PP esté en riesgo. El segundo puntualizó que ni la fiscalidad vasca es «tabú» para el PSOE ni renunciarán a negociar el asunto con el PNV «porque tenemos la responsabilidad de sacar adelante» las Cuentas de 2010.
Ello, en la práctica, significa que el interés del Ejecutivo central en atraerse el apoyo de los jeltzales -aunque, atado ya el de los nacionalistas canarios y UPN, le bastaría con convencer a Esquerra y BNG-, la fluida relación de Zapatero con López y su lógica voluntad de no perjudicarle podrían decantar la balanza hacia un final feliz para el lehendakari y su partido. De hecho, hoy mismo se reunirán técnicos del Ministerio de Hacienda con expertos del PNV para, de manera informal, empezar a desbrozar el camino. Los jeltzales exigen, en todo caso, no sólo que el 13 de octubre el PSOE vote a favor de la toma en consideración de la proposición de ley, sino que dé garantías públicas de que, llegado el momento, no se echará atrás y respaldará también las modificaciones legales pertinentes.
Realidades singulares
Lo contrario daría incalculable munición política al PNV para cuestionar la capacidad de liderazgo del lehendakari e, incluso, su valía como defensor de los intereses de Euskadi. «A realidades singulares, soluciones singulares», apuntan en su entorno, convencidos de que el presidente vasco «va a apostar fuerte». «Los partidos de ámbito nacional tienen que entender que esto toca y hay que darle solución. Tienen que entender que, aunque ellos estén con Gürtel y 'El Bigotes', aquí estamos en otras cosas, que no son ni mucho menos un tema menor», recalcan.
Eso no quiere decir que, pese a las insinuaciones de los nacionalistas sobre el mutismo de López, el lehendakari vaya a romper su silencio sin tener la 'patata caliente' completamente desactivada. Tampoco que el PSE y el jefe del Ejecutivo vasco vayan a transmutarse en el PSC y José Montilla, que llegó a decir ante el mismo Zapatero que le quería, pero menos que a Cataluña. Los pulsos a la dirección nacional no son ni el estilo de López ni encajan con su «forma de vivir el partido».