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02.10.09 - 20:44 -

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La participación en el referéndum sobre el Tratado de Lisboa que se está celebrando este viernes en Irlanda es "baja y lenta" en la mayoría del país, excepto en Dublín, donde han votado más electores que cuando se celebró la consulta popular el año pasado. Un portavoz del responsable del escrutinio en la capital ha señalado que la participación media en Dublín ha sido del 21,4% hasta las 14.00 horas, mientras que en el anterior referéndum a esa hora era del 15,5%. Este dato contrasta con los de otras partes del país, ya que en algunas la participación apenas llegaba al 10%.
A mediodía, la afluencia más alta a las urnas se ha registrado en las seis circunscripciones de Dublín, adonde se ha llegado al 15% de participación media, mientras que la más baja correspondía a la segunda ciudad más grande del país, Cork (al sur), donde no se superaba a esa hora el 5%. La misma tendencia a la baja se ha apuntado en la mayoría de los núcleos urbanos más significativos, como Limerick (suroeste) y condado de Limerick, con oscilaciones de entre el 4 y el 9%.
Según los expertos, un alto índice de abstención beneficia, en principio, a los detractores del documento -representados por el Sinn Fein y varios grupos pacifistas, izquierdistas y conservadores-, ya que se trata de grupos minoritarios que, normalmente, movilizan a gran parte de su potencial electorado. Más de tres millones de personas han sido llamadas a las urnas para votar entre las 9.00 y las 22.00 horas. El recuento de las papeletas comenzará mañana a las 9.00 y se espera que el resultado oficial se anuncie por la tarde.
Europa, atenta al veredicto
Los irlandeses están llamados a las urnas para pronunciarse por segunda vez sobre el Tratado de Lisboa después de haberlo rechazado en junio de 2008 y abierto con esa decisión una seria crisis en la nueva arquitectura institucional europea. El Tratado de Lisboa fue el compromiso alcanzado a duras penas por los 27 tras el fracaso de la malograda Constitución Europea a la que franceses y holandeses dijeron que no en las urnas en 2005, por lo que la Unión Europea se enfrenta mañana a un serio reto.
Si los irlandeses repiten el 'no', el Tratado no podría entrar en vigor y se paralizaría todo el proceso de integración europea. Un triunfo del 'sí', en cambio, aliviaría a Europa y ejercería presión sobre Polonia y la República checa para ratificar el texto. Por ahora, el presidente polaco, Lech Kaczynski, ha suavizado su euroescepticismo asegurando que firmará el texto europeo la próxima semana si Irlanda vota sí en el referéndum. En los 18 meses transcurridos desde la primera consulta, Dublín ha arrancado a sus socios comunitarios el compromiso de que nada en el Tratado modificará las prerrogativas irlandesas sobre el aborto, su neutralidad militar y su política fiscal, aspectos que entonces allanaron el camino a los contrarios a Lisboa. Además, Irlanda conservará su silla en la nueva Comisión Europea.
Todo ello ha facilitado al Gobierno del primer ministro, Brian Cowen, la campaña del 'sí'. La crisis económica y financiera internacional, que ha golpeado al país con especial crudeza y le ha llevado a vivir la peor recesión desde la independencia, ha sido igualmente un buen aliado de los partidarios del Tratado. Con un paro del 12,5% que prácticamente se ha triplicado en dos años, un déficit público del 11% del PIB, inexistente en 2007, y una contracción económica que se prevé del 8% en 2009, los irlandeses han visto en la UE el bote salvavidas que no veían antes de la crisis.
Sondeos favorables
Por eso, los últimos sondeos daban al 'sí' un porcentaje del 55% frente a un 27% de noes y un 18% de indecisos. En todo caso, Cowen ya ha descartado una tercera consulta si el Tratado vuelve a ser derrotado. "No habrá un Lisboa III. Eso está claro", aseguró el primer ministro irlandés al ser preguntado si hay un 'plan B' en caso de un segundo 'no'. "En un momento en el que nos enfrentamos a un gran reto económico, lo que necesitamos es la estabilidad y seguridad en la dirección que está tomando Europa", dijo tras insistir en que cada vez que Irlanda ha votado a favor de un tratado de la UE el país "resulta beneficiado".
Esta vez los principales partidos políticos, sindicatos, empresarios y una amplia red de agentes sociales se han unido a las filas del 'sí' y han llevado a cabo una campaña más coherente e intensa que los detractores del Tratado, según coinciden en señalar los analistas. Mientras, el campo del 'no' ha congregado una mezcla heterogénea que ha unido a la extrema derecha con la extrema izquierda, los ultracatólicos y los marxistas y que ha echado mano de argumentos como el servicio militar obligatorio, el aborto o la eutanasia sin lograr un claro mensaje y sin la fuerza que tuvieron en la anterior consulta.
En cualquier caso, nada está asegurado porque la actitud favorable que muestran las encuestas fluctúa considerablemente. En vísperas del referéndum, la Comisión Europea evitó lanzar un último mensaje y se limitó a comentar que "corresponde a los irlandeses decidir" y que espera que "cuanta más gente ejerza su derecho democrático y haga oír su voz mejor". No obstante, el presidente del Ejecutivo comunitario, José Manuel Durao Barroso, que se ha implicado personalmente en la campaña irlandesa, ha llegado a decir que "Europa tiene que hacer frente a opciones difíciles en un mundo interdependiente de hoy y que o trabajamos juntos para superar los retos o nos condenamos a la inutilidad".
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