El Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció ayer que la peor recesión en sesenta años toca a su fin, pero España será de los últimos países en sumarse a la recuperación. El organismo financiero multilateral, que ha mejorado sus previsiones de crecimiento por el tirón de las economías asiáticas, avisó de que la española será la única gran economía que mantendrá en 2010 una caída de su Producto Interior Bruto (PIB).
La vicepresidenta Elena Salgado restó credibilidad a esos presagios y sugirió que la institución quizá «no ha entendido bien» la realidad española. En esta línea, se comprometió a «hablar más» con los responsables de la organización. Pese a todo, el Fondo destaca en su informe algo de sobra conocido: la excesiva dependencia que ha tenido este país del sector inmobiliario -hundido tras estallar la burbuja- y que ninguna otra actividad ha tomado su relevo como 'locomotora' del crecimiento. Según los últimos datos, España tiene algo más de un millón de pisos con el cartel de 'se vende'.
El empleo, en gris
En su informe 'Perspectivas económicas mundiales', publicado en Estambul, el FMI señala que el proceso de salida del agujero será lento y complicado para España. Si se cumplen las predicciones, a la otrora octava potencia mundial le esperan varios años de ajuste hasta alcanzar tasas de crecimiento superiores al 2% del PIB, porcentaje que para muchos expertos es el umbral de la creación de empleo. El panorama es oscuro, ya que el Fondo prevé aún otro fuerte desplome adicional de los precios de la vivienda. Además, hay que tener en cuenta que las empresas, incluso con expansiones de ese calibre, deberán esperar algún tiempo hasta que se sature su capacidad de producción antes de retornar a la generación de puestos de trabajo. El informe -otro dato que no gusta al Gobierno- anticipa que la tasa de paro continuará su ascenso imparable y superará el 20% el próximo año.
Pese a los malos augurios, el FMI mejora las predicciones sobre la evolución de España que hizo en julio pasado. Para este ejercicio augura una contracción del 3,8%, menor en dos décimas a la prevista entonces, y el retroceso del 0,7% que vaticina para 2010 es inferior en una décima a su anterior pronóstico. Aún así, los cálculos son más pesimistas que los realizados por el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, que en su último programa de estabilidad cifró en el 3,6% y en el 0,3%, respectivamente, las caídas del PIB. Según el Fondo, las tasas en positivo no llegarán hasta 2011, cuando habrá un tímido crecimiento del 0,8%.
En cualquier caso, los organismos multilaterales vuelven a situar a España a la cola de la recuperación entre las economías más avanzadas del planeta, que en conjunto registrarán este año una caída del PIB del 3,4% y el que viene una mejora del 1,3%. El resultado en 2010 será sensiblemente mejor para Estados Unidos, que se expandirá a un ritmo del 1,5%, lo que supone todavía un nivel moderado. «EE UU muestra signos crecientes de estabilización», apunta el informe, aunque también destaca que persisten las incógnitas sobre la recuperación del sistema financiero y también el lastre que supone una tasa de paro cercana al 10%.
La UE, al ralentí
Para la zona euro, el FMI pronostica un crecimiento del 0,3%, y del 0,5% para el conjunto de la UE. Por países, el mejor resultado se lo adjudica a Francia y Reino Unido, que registrarán una expansión equivalente al 0,9% del PIB. La actividad de Alemania aumentará un 0,3% y un 0,2% la de Italia. Fuera de la UE, resaltan las economías asiáticas, con tasas del 9% y del 6,4% para China e India, respectivamente. Van a ser precisamente las potencias de esa áreas -estiman los expertos del FMI- quienes actúen como catalizadores en el proceso de recuperación mundial.
Por otra parte, los ministros de Finanzas de la UE acordaron ayer en Gotemburgo mantener al menos hasta 2011 los estímulos fiscales puestos en marcha para reducir el impacto de la recesión, informa Fernando Pescador.Y es que, en el conjunto de la Unión, 20 de los 27 socios tendrán este año déficits que superarán el 3% de su PIB, debido al descalabro de los ingresos públicos. Mientras, la gran banca europea podría perder hasta 400.000 millones si la situación se deteriora más de lo previsto, pero incluso en esas circunstancias tan adversas ninguna entidad se derrumbaría.