Los equipos de emergencia continúan las labores de rescate de miles de personas que se encuentran atrapadas bajo los escombros
Una réplica de 6,6 grados en Richter ha vuelto a sacudir la ciudad y a sembrar el pánico entre los habitantes de la isla
El seísmo ha derrumbado cientos de edificios. / Reuters

El seísmo ha derrumbado cientos de edificios. / Reuters

El seísmo ha derrumbado cientos de edificios. / Reuters

Familiares de los niños de un colegio derrumbado lloran desconsolados. / Afp

Cientos de personas hacen cola para conseguir gasolina. / Afp

El seísmo ha provocado multitud de daños. / Reuters

Un hombre acompaña en un hospital a familiares heridos. / Reuters
Zona de gran actividad sísmica
El maremoto de 7,9 grados se produjo ayer por la tarde con el epicentro situado a 50 kilómetros al oeste de la ciudad y en principio generó una alerta de tsunami que luego se canceló. Indonesia se asienta sobre el llamado 'Anillo de Fuego del Pacífico', una zona de gran actividad sísmica y volcánica que es sacudida por unos 7.000 temblores al año, la mayoría moderados.
El 26 de diciembre de 2004, un terremoto de 9,1 grados sacudió el norte de Sumatra y creó la ola gigante que sembró la destrucción en una docena de naciones bañadas por el Océano Índico y causó la muerte a más de 226.000 personas.
Al menos 1.100 personas han muerto en el seísmo en
Sumatra, según el nuevo balance hecho público por el secretario general de la ONU para asuntos humanitarios, John Holmes. Miles de personas siguen además atrapadas en los edificios derrumbados por el
terremoto de 7,6 grados en la escala de Richter que golpeó ayer la isla indonesia, donde los heridos se registran también por millares. La ministra de Sanidad, Siti Fadillah Supari, ha señalado que la cifra definitiva de víctimas mortales será de "miles" debido a "la magnitud de los daños". En este sentido también se ha pronunciado el ministro de Bienestar Social, Aburizal Bakrie, que ha comparado "el daño" infligido por este temblor con el de gran terremoto de 2006 en la isla de Java, en el que murieron cerca de 6.000 personas.
Las autoridades calculan que varios miles de personas han quedado sepultadas bajo los escombros de los cientos de casas que se derrumbaron en Padang y Pariaman, las urbes más afectadas, y su esperanza de sobrevivir dependerá de la rapidez del rescate. En las zonas más remotas y de difícil acceso habrá otras varias decenas de muertos que añadir a la lista final, según los cálculos de los expertos.
Los trabajos de salvamento son lentos y laboriosos, ya que, en gran medida, se realizan a mano ante la imposibilidad de utilizar de momento maquinaria pesada. Los equipos de rescate operan desde primera hora de la mañana en la región, rescatando personas atrapadas, recuperando cadáveres y repartiendo 20.000 kit de emergencia con tiendas de campaña, ropa de abrigo, medicinas y alimentos.
Los cadáveres se amontonan
Sanidad ha enviado ocho toneladas de medicamentos, ocho toneladas de comida para bebés, tiendas, 630 sacos de dormir y un equipo médico formado por 200 especialistas. Miembros del Equipo de Respuesta Rápida del Centro Nacional de Gestión de Desastres (BNPD), el Ejército, la Policía y personal médico colaboran en las tareas, a las que se pueden unir unidades de emergencias de otros países así como organizaciones no gubernamentales (ONG). El Gobierno de Indonesia ha aprobado una partida de 17,8 millones de euros en ayudas directas a los damnificados.
En Pariaman y Padang, varios miles de personas pasaron la noche al raso por temor a las réplicas, siguiendo las instrucciones del Gobierno. Ambas ciudades amanecieron hoy sumidas en el caos y entre escombros, con centenares de construcciones derrumbadas, entre viviendas, bloques de oficinas, centros comerciales, hoteles, mezquitas y edificios públicos, como el Ayuntamiento de Padang y el Parlamento local. Los supervivientes han hecho cola durante horas para obtener bienes básicos, como comida o gasolina. Las líneas de teléfono y las comunicaciones por internet de Padang han vuelto a funcionar, aunque siguen siendo inestables.
Muchos de los cadáveres recuperados se han trasladado al hospital Mohamad Jamil, donde se empiezan a formar montones con las bolsas de restos mortales. A pesar de la instalación de 11 hospitales de campaña, los centros médicos se encuentran saturados y son incapaces de atender, por la falta de electricidad, medicinas y medios, a las numerosas víctimas que no paran de llegar.