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El desastre visita de nuevo el paraíso

El tsunami provocado por un maremoto de fuerza 8,3 deja más de un centenar de muertos en Samoa y Tonga para resucitar la tragedia del Índico en 2004

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El anillo de fuego del Pacífico desata su furia
El mar arrojó vehículos y árboles contra los edificios. / AP
Playas devastadas, calles anegadas, barcos empotrados en edificios y coches apilados unos sobre otros. La devastación de Samoa ha resucitado un fantasma que llevaba cinco años enterrado en el abismo del subconsciente y que resucitó el desastre que en 2004 se cebó con todas las franjas costeras del Índico, con la pérdida de más de 200.000 vidas. El Centro de Alerta Sísmica del Pacífico sólo tardó unos minutos en detectar ayer la presencia de un tsunami después de que se produjera un maremoto de intensidad 8,3 en la escala de Richter a dieciocho kilómetros por debajo del suelo marino, pero fue incapaz de hacer llegar a tiempo la alarma al territorio más cercano.
Para cuando la luz roja comenzó a parpadear, las aguas ya se habían retirado de las playas. Estaban formando, a unos doscientos kilómetros de distancia de la costa de Samoa, una muralla de agua de más de tres metros de altura que iba a arrasar las islas que forman este minúsculo archipiélago paradisíaco al este de Australia.
No habían dado las siete de la mañana cuando, como cualquier otro día, el sol acariciaba el horizonte y la población se preparaba para acudir al trabajo o al colegio, inconsciente de la devastadora ola que acechaba cerca. «No se sintió nada», comentaba Erica Wales, residente estadounidense de una de las zonas más castigadas de Samoa, al diario 'Sidney Morning Herald'. «Pero acababa de salir de casa cuando descubrí algo raro en el océano: podía ver rocas y corales que generalmente permanecen ocultos incluso con la marea más baja. Entonces supe que algo malo iba a suceder».
Sólo quedan cimientos
Wales se encontraba a quince metros de la playa cuando vislumbró a lo lejos el tsunami y echó a correr. «Podía oír el estruendo del agua derribando árboles detrás de mí», relata. Ahora, de su casa sólo quedan los cimientos, pero Wales tiene suerte de haber conservado la vida.
Matthew Leal, profesor de la capital de Samoa occidental, Apia, sí que sintió el terremoto. «Duró unos tres minutos y su intensidad fue en aumento hasta que comenzaron a caerse las cosas de las estanterías. Entonces empecé a preocuparme y salí del edificio». Súbitamente, todo quedó en calma «hasta que comenzaron a sonar las sirenas del pueblo». El docente corrió entonces a la escuela, donde sus compañeros ya estaban dirigiendo a los escolares hacia las montañas más cercanas. No podían saberlo, pero ellos estaban en zona segura, en la parte norte de la isla más occidental. «Desde arriba podíamos ver la ciudad. El puerto no ha quedado muy dañado, pero hemos estado acampados varias horas, por precaución y con temor», aseguraba ayer al rotativo australiano.
Según cifras todavía provisionales, un centenar de personas ha muerto en este desastre natural: la Samoa independiente había confirmado anoche 75 víctimas mortales, entre ellas un niño británico de 2 años y una pequeña australiana de 6, y el territorio administrado por Estados Unidos ha hecho público el fallecimiento de 24 personas más, aunque todavía no se conoce su identidad. A esta cifra de muertos podrían sumarse los cinco que apuntan informaciones no confirmadas procedentes de la cercana Tonga.
Pueblos arrasados
Sin embargo, la devastación en Samoa todavía no se ha mostrado en toda su magnitud. El Gobierno estima que más de cuarenta pueblos han quedado completamente arrasados en la costa sur de las dos principales islas del territorio, y tanto la dificultad para acceder a ellas como los problemas en las telecomunicaciones complicarán hoy las tareas de rescate. No obstante, a pesar de la tragedia, a la que se ha sumado el terremoto de Indonesia, un profundo suspiro de alivio ha surcado el Pacífico. Cinco años no son suficientes para olvidar los más de 200.000 muertos que provocó el tsunami más mortífero de la historia.
Barack Obama ha declarado la isla oriental como zona catastrófica y la Comisión Europea anunció ayer una ayuda de emergencia de 150.000 euros para los afectados por el tsunami.
En las doce horas siguientes se detectaron quince nuevos seísmos de fuerza superior a 5 en la escala de Richter, pero la alerta de tsunami, que ya había llegado al resto de países del Pacífico Sur y a Japón, fue desactivada. En la mayoría de territorios sólo se detectó un ligero aumento del nivel del mar, y olas de unos cincuenta centímetros que no han provocado daños. En Hawai, por ejemplo, las autoridades se limitaron a publicar una alerta dirigida a bañistas y pescadores.
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