¿Qué puede llevar a una persona a grabar su primer disco a punto de cumplir los 65 años de edad? Con los 'top 10' de las radiofórmulas y las más prestigiosas listas musicales plagadas de estribillos pegadizos y solistas que acostumbran a marcar tendencia, Sebastián Fraile 'El Charro' tiene muy claro que el álbum de flamenco que presentará mañana en Durango no va a competir con Beyonce o Coldplay.
'Un camino sin fin' es, en realidad, «un capricho» que ha podido permitirse en la antesala de la jubilación animado por amigos «que llevaban tiempo diciéndome que por qué no lo hacía», explica este durangués nacido en la localidad salmantina de Tamames. El título del cedé es un guiño al flamenco y a su constante renovación, aunque también podría ajustarse tranquilamente a su vida. La existencia de un cantaor sin antecedentes artísticos en la familia que no pisó un tablado hasta cumplir 48 años.
El flechazo de Fraile con el cante jondo le llegó tras escuchar un casette de Camarón que compró en una gasolinera cuando el mito del flamenco estaba a punto de morir. «Hasta entonces no había cantado ni en la ducha. Tan sólo de muy niño, cuando andaba de pastorcillo y canturreaba las coplas más conocidas de Antonio Molina». Esta tardía vocación, lejos de amilanarle, le incitó a investigar y a empaparse de todo lo que sonara a flamenco.
Lo peor estaba por llegar. Para hacer realidad sus sueños debía superar el miedo escénico que le impedía cantar delante de público salvo que fuera a través de las paredes de una habitación cerrada. «La primera vez que me subí a un escenario lo pasé francamente mal», reconoce. A base de insistencia y una garganta privilegiada, Fraile fue dejando a un lado los nervios y hasta llegó a presentarse a un casting del programa 'Lluvia de estrellas'. «Me dijeron que me llamarían y aún estoy esperando», bromea.
Más suerte ha tenido en otras facetas. Como participante de conocidos certámenes el cantaor durangués ha ganado el primer premio en el Concurso de Saetas del País Vasco y el de Cante Flamenco de Logroño. «Me gusta tocar todos los palos, aunque está claro que unos te salen mejor que otros».
Consciente de lo difícil que es triunfar en el mundo del flamenco y más en Euskadi, donde las actuaciones se concentran en torno a los centros de Andalucía, Fraile no echa cuentas y se conforma con poder vender «unos cuantos discos» de los mil que ha sacado al mercado en los conciertos que ya tiene apalabrados en Durango, Vitoria y Mondragón. «La cultura no está reñida con nada ni con nadie. Cada cual se expresa como le gusta y de la misma forma que canto en el Orfeón Durangués, también me animo con unas bulerías, un fandango o una boda gitana si hace falta».
A falta de trece días para jubilarse, Fraile tiene mañana una reválida importante. Los 'quejíos' inspirados en versos de Machado y otros conocidos poetas llenarán San Agustín de 'duende' a partir de las diez de la noche.