En una semana redonda el Alavés encadenó ayer su tercera victoria consecutiva para fimar una racha olvidada desde hacía 53 meses. Durante estos ocho días el equipo de Javier Pereira se ha vestido de recolector de puntos para, con bastante más efectividad que fútbol en cada una de sus comparecencias, impulsarse hasta el liderato de Segunda B y marcar territorio. Ante el Zamora y después de un notable cuarto de hora inicial con gol de Geni en una acción de viveza colectiva, la escuadra albiazul volvió a sestear. Ni la inexplicable expulsión del visitante Yago en el minuto 47 sirvió para dar placidez a una tarde que arrancó entre promesas y acabó con algún temblor ante la incapacidad albiazul para trasladar su superioridad numérica al marcador. Por segunda vez en la temporada -ya ocurrió en Lemona- al conjunto vitoriano se le atragantó gestionar el juego ante diez rivales.
Durante veinte minutos el Alavés amagó con alzar el vuelo. Tras las rotaciones introducidas en Guijuelo, el técnico albiazul optó por volver a la alineación de la pasada semana frente a la Cultural Leonesa, con la novedad de Diego Segura como segunda punta en sustitución de Igor Martínez, ayer suplente por primera vez en esta temporada. El cuadro albiazul controló con solvencia el arranque del choque, movió la pelota con criterio con ayudas de Rico y Segura en la creación, abrió el campo por las dos bandas y gozó de profundidad en sus acciones. El rápido 1-0 de Geni dio con el escenario apropiado, pero al cuadro albiazul le faltaron tablas para disfrutar de este idílico contexto.
Ocasiones para resolver
Después de tres partidos disputados en Mendizorroza, el Zamora acentuó la sensación de que los rivales de Segunda B sufren ataques alérgicos dentro del área y no encuentran pomada eficaz para aliviar los síntomas de una falta de pegada que lastra su fútbol. El equipo castellano, como ya sucedió con la Cultural Leonesa, tuvo durante muchos minutos la posesión de balón, movió la pelota con ortodoxia y también se cegó en los últimos metros. Aún en la primera parte, con tramos de somnolencia bajo el sol de Mendizorroza, el equipo visitante dominaba y casi todas las ocasiones llegaban para los albiazules. Diego Segura en un contragolpe donde tropezó cuando encaraba al portero, Rico en una falta que estrelló en el larguero y otro contraataque alavesista que abortó in extremis el defensa Curro apuntaron hacia la sentencia sin concretarla.
Expulsión y problemas
Como en casi todos los partidos de esta temporada hubo tiempo para el protagonismo arbitral. El riojano Martín Álvarez, que se enzarzó en un carrusel de cartulinas, mostró una segunda tarjeta inexplicable al delantero Yago en una pugna por el balón con Guereñu y dejó al Zamora teóricamente desamparado en los 43 minutos finales. Pero, en superioridad, el Alavés volvió a sufrir una indigestión, con dolores estomacales que amenazaron con convertirse en úlcera de empate.
Prácticamente nada funcionó a partir de la expulsión de Yago. Ante un Zamora que adelantó líneas por obligación y presionó arriba el Alavés nunca encontró una de las diversas fórmulas para rematar el choque. Ni tuvo tranquilidad y recursos suficientes para mover la pelota y forzar el cansancio del adversario ni acierto en los escasos pero peligrosos contragolpes que lanzó en esta segunda mitad. Para colmo, se enredó en una sucesión de faltas que permitieron al Zamora disponer de bastantes opciones con sus centrales en el área, y hasta permitió un contragolpe visitante en superioridad y una última opción que Castells salvó con apuros.
Esta vez los cambios no lograron modificar la dinámica negativa y sólo Fran Moreno, con alguna acción para guardar la pelota, asomó entre el desconcierto de un equipo albiazul que pareció agotado. Claro que con nueve puntos consecutivos y el liderato, los problemas, aunque existan, siempre son relativos.