Los hosteleros vitorianos no han hecho el agosto. Se han quedado a medias y tienen un sabor agridulce. «A pesar de que hay más gente, también había más bares abiertos. Durante el día hemos trabajado bien pero la noche ha bajado mucho, y eso se nota. Yo esperaba bastante más», valora Jesús Arrieta, encargado de la cafetería Río y del restaurante Zabala. Su opinión es compartida por la mayoría de los hosteleros consultados por EL CORREO.
Todo indicaba que los nubarrones que ciñen sobre el sector podían despejarse en agosto. Parecía posible superar las ventas de años precedentes debido a que la crisis económica podía recortar, e incluso aplazar sin fecha, las vacaciones de muchos vitorianos. Una vez terminado el mes, el sector revela que las previsiones más optimistas no se han cumplido. Al menos, de forma generalizada.
Los hosteleros destacan que los motivos son dos. El primero estriba en que este año han sido más los establecimientos que han decidido mantener sus puertas abiertas después de las fiestas de La Blanca. Dicho de otra forma, por una vez la capital alavesa ha dejado atrás su imagen de ciudad fantasmagórica, donde no hay muchos viandantes y abundan las persianas cerradas. Pero claro, el resultado no siempre es el esperado para los que trabajan detrás de la barra. «Hay bastante gente, pero también más bares trabajando. Al final las ventas han bajado», explica Azahara, camarera del bar Gaminedes, en Beato Tomás de Zumárraga.
El otro motivo que ha enfriado los resultados de las cajas registradoras es la crisis económica. «La terraza ha estado bien. Hay mucha gente, pero este año los clientes están más tiempo sentados y pide cosas más baratas. En definitiva, podemos decir que han bajado las ventas», comentan los empleados de la cafetería Victoria. Esta afirmación la comparte María, del Saburdi, quien pese a señalar que ha habido un aumento considerable de turistas, apunta a la situación económica como responsable de la bajada en los beneficios. «Se han vendido menos pinchos. Para un pote siempre hay dinero, pero para comer fuera de casa... igual no tanto».
Contraste
Pero hay otros negocios en los que las cuentas han salido mejor. Y es que mientras la tónica general ha apuntado hacia una bajada de las ventas, algunos establecimientos sí han conseguido hacer su agosto a pesar de la crisis y de la evidente competencia.
«Estamos a tope. Pese a haber más bares abiertos somos los únicos que damos menús del día por esta zona. Además ha venido mucha gente de fuera y eso se nota. Hemos trabajado muy bien», expone el encargado del bar-restaurante Virgen Blanca.
Otro local en el que sus responsables están satisfechos con el mes de agosto es el Jardín de Falerina. «Pensábamos que después de fiestas iba a estar más tranquilo, pero la verdad es que hemos trabajado muchísimo».