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Economía

03.09.09 -

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Vaya por delante que la medida anunciada ayer es una de las que más me gusta de toda la amplia panoplia de actuaciones paliativas adoptadas por el Gobierno, una vez que sus destinatarios se encuentran inmersos en la peor de las indefensiones tras agotar las prestaciones por desempleo. Pero dicho esto, y visto en su conjunto, es una muestra más del despiste general con que se dirige la economía en este país. En primer lugar es simplemente paliativa; es decir, alivia pero no cura. Gracias a esos 420 euros, los parados podrán vivir algo mejor, pero su situación laboral y sus expectativas de encontrar un puesto de trabajo no mejoran en absoluto. Quizás fue una mera casualidad, pero el acuerdo se alcanzó el mismo día en que conocimos el aumento del 2,4% del paro en agosto.
En segundo lugar, la decisión asesta un nuevo hachazo al déficit público y se lo da al día siguiente de saber que lo hemos quintuplicado desde principios de año, sin que nadie se haya tomado la molestia de contarnos cuándo y, sobre todo, cómo se va a reducir. Y esto es lo que ya no tiene nombre. El Gobierno sigue enfrascado en una improvisación que sobrepasa la insensatez y se acerca a la temeridad. No ha presentado un plan coherente, ni es capaz de cuantificar el coste de sus actuaciones, ni la forma prevista para pagarlas. En esta medida de hoy, primero comprometió 642 millones de euros y al final serán unos 1.350. Aquí da igual la mitad que el doble.
Pero algún día tendremos que pagar las necesidades causadas por la crisis y las frivolidades provocadas por el Gobierno. ¿Cómo? Ni idea. Podría plantearse quizás algún ahorro en la tupida madeja construida alrededor del Estado de las autonomías y del bienestar, pero el Gobierno prefiere la vía fácil de aumentar los impuestos. Si es así, está obligado a hacer algo menos popular. Si Zapatero cree que zurrándole al ahorro y penalizando las ventas de viviendas va a enderezar las cuentas públicas, o le falta información o no sabe interpretarla.
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