Han comprobado cómo muchos de sus compañeros se resistían a echar el candado a sus negocios después de despedir a Celedón y, también, cómo cada vez más vitorianos optaban por pasar agosto en casa. Y han pensado que la reducción de la competencia, unido al aumento potencial de la clientela, era un plato demasiado sugerente como para no echarle el diente. Un buen número de comercios ha optado por primera vez por trabajar en estas fechas y, al parecer, ha acertado.
«Nunca habíamos abierto en agosto. Aprovechábamos, como la mayoría, para coger vacaciones. Este año hemos decidido probar a hacer lo contrario y la verdad es que nos está yendo muy bien», afirmaba la dependienta de Munain, la floristería de la calle Abendaño. En Zabalgana, en concreto, en el bar Lor, también se han unido a este 'club' de debutantes. Según admite una camarera, lo han hecho motivados por «el éxito que tienen otros».
Las razones hay que buscarlas, desde luego, en la difícil situación económica, que ha retraído a muchas familias de gastar dinero en un veraneo en la costa. Pero hay más. El presidente de la plaza de Abastos, Manuel Rabasco, alude también al escalonamiento de las vacaciones y a que la gente divide su tiempo de ocio en diferentes temporadas. Conclusión, que cada agosto hay más ciudadanos en casa.
Eso es precisamente lo que pensó el año pasado Sylvie Miralles, la propietaria de la boutique Glamm, en la esquina de San Antonio con Florida. «Llevo veintidós años al frente de esta tienda y el año pasado abrí en agosto por primera vez. Me fue bastante bien y decidí abrir ésta vez incluso en fiestas. Y ha merecido la pena», asegura.
Más ventas... y menos
Otro ejemplo similiar se encuentra en el bar Ron Clark, localizado en la calle Zabalgana. «Empecé a mantener abierto en agosto el año pasado y no me arrepiento. Este año se ha quedado más gente en el barrio y estamos incrementando las ventas», confiesa Esther, la responsable del negocio.
Por el contrario, Ignacio Zulaika, de deportes Zulaika, que lleva décadas trabajando en agosto, asegura que las ventas bajan «muchísimo». «Antes abríamos porque éramos armería, y en agosto se venden muchísimos productos de caza. Ya no lo somos pero seguimos abriendo por servicio a nuestros clientes. Pero no hay negocio», agrega.