Patxi López y Antonio Basagoiti están decididos a preservar el entendimiento de sus partidos en el País Vasco en medio de las erosionadas relaciones de PSOE y PP, prácticamente rotas por la escalada de la tensión entre Mariano Rajoy y destacados miembros del Gobierno central. Socialistas y populares han blindado su acuerdo en Euskadi frente a la crispación política desatada en Madrid con el fin de proteger de daños colaterales el pacto de legislatura que permitió el nombramiento de López como lehendakari después de 30 años de ejecutivos liderados por el PNV. Las direcciones de las dos formaciones vascas renovaron ayer su compromiso por mantener contra viento y marea una alianza que prima la lucha contra el terrorismo y la búsqueda de la convivencia «por encima de las discusiones partidistas».
En la medida de lo posible, sus portavoces tratarán además de no aventar con manifestaciones públicas el avispero en el que las dos principales fuerzas políticas de España ventilan sus diferencias sobre el 'caso Gürtel' y otros escándalos de corrupción. «No nos vamos a dejar llevar por influencias externas. Vamos a mirar más a Euskadi que a Madrid», subrayó ayer el presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti.
El epicentro de la última convulsión está en las declaraciones de María Dolores de Cospedal, mano derecha de Rajoy, sobre la presunta existencia de escuchas ilegales a dirigentes del PP. El líder de la oposición no dudó en denunciar una «inquisición» contra su partido y en señalar a José Luis Rodríguez Zapatero como «responsable». Las acusaciones, mantenidas hasta ahora sin pruebas ni denuncias judiciales, provocaron una airada reacción en las filas socialistas, donde el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, las calificó de «infamia gravísima en democracia».
En el fondo late la traca final de la 'trama Gürtel' tras el archivo de la causa contra Francisco Camps y la decisión del Ejecutivo del PSOE de recurrir el fallo a la Fiscalía. La temperatura acaba de subir varios grados a raíz de la investigación abierta a cargos y ex cargos del PP en Mallorca por supuesta corrupción en la construcción de un velódromo. Para los populares, esto es un ejemplo de la «persecución» a la que le somete el Gobierno. Para éste, se trata sólo de «investigar a presuntos delincuentes».
Zafarrancho
Los socialistas y los populares vascos reconocen que deberán esforzarse para salir indemnes del zafarrancho en el que PSOE y PP han convertido la pugna electoral. En declaraciones a este periódico, cualificados dirigentes de ambos partidos en Euskadi admitieron que se esperaban «un enconamiento» de las relaciones en Madrid, casi desde el principio. «Cuando iniciamos las conversaciones con el PP para el pacto de legislatura, ya lo comentamos. Sabíamos que iba a producirse una confrontación muy profunda en España y nos comprometimos a que no podía alterar nuestra apuesta por el cambio», comentó un destacado responsable del PSE, que participó en las negociaciones.
Tras la firma del pacto de legislatura, el 1 de abril, la relación entre socialistas y populares vascos sufrió su primer chispazo a cuenta del desmarque del PSE a la moción que el PP quiere presentar en Álava. Sin embargo, la virulencia en el cruce de acusaciones desatado en Madrid parece una prueba de fuego de mayor calado para su acuerdo en Euskadi. La consigna es protegerlo a toda costa. La propia portavoz del Gobierno vasco, Idoia Mendia, aseguró ayer que el convenio es «firme y con vocación de futuro».
«Esto tiene que salir bien», coincidió Basagoiti. En su opinión, «la lucha contra ETA y contra quienes le apoyan y la necesidad de convivencia están por encima de las disputas». Su «prioridad» en el País Vasco consiste en consolidar el cambio político, «unidos». «Esto es lo fundamental».
El reto para los dos partidos es cómo salvaguardar el pacto en plena refriega al otro lado de la muga. O, en expresión del PNV, cómo pueden «besarse en Euskadi estando a tortas en España». Lo harán «con diálogo y sinceridad», dicen los socios. Mantendrán abierto un cauce de comunicación para evitar interferencias, tanto entre sus líderes como en segundos niveles. «Lo hablamos antes y lo volveremos a hablar ahora», anunció el líder del PP.
Además de las palabras, pasarán a los hechos. El cumplimiento del acuerdo con las bases por el cambio y la negociación presupuestaria en ciernes medirán la sintonía entre los aliados. La portavoz del Ejecutivo vasco destacó que el PP «actúa con responsabilidad» como «socio preferente». Será el primer partido en reunirse con los socialistas para pactar las Cuentas de López.
Con mesura
PP y PSE saben que para conservar este pacto de no agresión será necesario levantar el pie del acelerador, ya que ambos avalan las tesis de sus partidos respectivos en la disputa nacional. Como muestra, Mendia censuró ayer «la escalada dialéctica» del grupo de Rajoy, «que acusa sin pruebas». Basagoiti insistió en denunciar «una campaña sucia» del PSOE para «destruir» a su partido con el fin de «mantenerse en el poder», pero frenó: «No voy a pagar con la misma moneda a los socialistas porque aquí nos jugamos cosas más importantes».
Un poco más lejos fue ayer el líder del PP alavés y parlamentario en Madrid, Alfonso Alonso, quien advirtió al PSOE de que la «caza de brujas» contra su grupo puede afectar a las relaciones entre ambas formaciones «en todas partes».
El cruce de acusaciones al calor de los acontecimientos quizá sea el riesgo más evidente para la estabilidad de los socios vascos. «Tenemos libertad absoluta en nuestras declaraciones, pero de Miranda de Ebro para arriba no estamos en una pelea electoral», advirtió el líder del PP. Recordó que su partido ayuda a gobernar Euskadi desde la oposición y que «a más de uno le gustaría» que el pacto «saltase por los aires». Por eso, un dirigente del PSE abogó por aplicar mesura y «saber sobreponerse a la bronca».