La economía norteamericana empieza a mostrar signos de «estabilización», pero todavía «seguirá débil por un tiempo». Con una mezcla de moderado optimismo y altas dosis de cautela, la Reserva Federal emitió ayer uno de sus informes mensuales más esperados que, a tenor del recibimiento que le dio Wall Street, ha servido para apuntalar el buen comportamiento mostrado por la mayoría de los indicadores en los últimos tres meses. Sin ningún temor todavía a que la previsible subida del PIB de Estados Unidos vaya a afectar a la inflación, el equipo del presidente de la Fed, Ben Bernanke, decidió mantener los tipos de interés «por un periodo prolongado de tiempo» entre el 0% y el 0,25%.
En una muestra del tono positivo que trasmite el informe, la Fed afirma que las acciones para estabilizar los mercados financieros, junto con los estímulos monetarios y fiscales además de las fuerzas del mercado, contribuirán a que el país vuelva a crecer de forma gradual y sostenible sin inflación. El banco central añade que, si bien «los negocios siguen reduciendo su inversión», se están llevando a cabo mejoras en la reducción de stocks y en las ventas. Precisamente en su reunión de junio, la Fed veía un menor ritmo de contracción, aunque los datos aún no eran tan determinantes sobre la mejora de la situación económica.
En lo que ha sido interpretado como un voto de confianza a la economía de EE UU, la institución monetaria decidió extender la compra de bonos del Tesoro a largo plazo por valor de 300.000 millones de dólares hasta finales de octubre, fecha en la que dará por concluido este programa. El banco central estadounidense sorprendió a los analistas en marzo cuando anunció este polémico plan para ayudar a la hundida economía del país a salir de la recesión.
En su justificación para mantener los tipos de interés inalterados, el comité de política monetaria de la Fed indica que «las condiciones económicas probablemente van a garantizar los tipos extremamente bajos para el precio del dinero durante un largo periodo», señal de que las dificultades de la economía mundial no van a desaparecer fácilmente.
Mientras, el gasto familiar, vital para la economía estadounidense, «ha seguido mostrando signos de estabilización pero restringido por la continuada pérdida de empleos, el lento crecimiento de los ingresos, la bajada del patrimonio inmobiliario y las duras condiciones de crédito», añade el informe en un texto casi idéntico en este punto a las conclusiones de su última reunión en junio.
El mensaje, cauto pero positivo, de la Reserva Federal es la última de una serie de manifestaciones optimistas sobre el rumbo de la situación económica. La principal, la del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien aseguró que gracias a su Gobierno se ha detenido la caída libre de la economía del país y ya se puede observar un «comienzo» del final de la recesión.
Wall Street mostró ayer una firme tendencia alcista y el Dow Jones de Industriales ganó un 1,3%, con sólidos avances en el sector financiero y tecnológico.
La previsión ahora es que el PIB en el tercer trimestre crezca un 2,4% y tras los últimos datos, incluido el paro, de los 47 economistas consultados por el 'Wall Street Journal', 27 aseguran que la recesión ya ha terminado, mientras que 11 consideran que lo hará este mes o el que viene.
Debate sobre Bernanke
Al calor del inevitable protagonismo de la Fed en el manejo de la salida de la crisis, expertos estadounidenses han anticipado el debate sobre la reelección de Ben Bernanke. La mayoría considera que el responsable de la entidad nombrado por Bush está haciendo un buen trabajo al frente de la Reserva Federal y creen que hay un 70% de posibilidades de que el presidente Obama le pida que se mantenga en el cargo cuando expire su mandato el próximo año. «Se merece mucho crédito por haber estabilizado los mercados financieros», afirmó el analista Joseph Carson, de AllianceBernstein, a 'WSJ', que ha hecho un sondeo entre casi medio centenar de economistas.
Sin embargo, los observadores también coinciden es que el mandato de Bernanke no ha estado exento de errores y señalan, entre otros, su lenta respuesta inicial ante las restricciones al crédito y su decisión de dejar caer al gigante Lehman Brothers.
Aún así, la mayoría comparten la idea de que habría poco que ganar con un cambio en la presidencia de la Fed dada la inmensa tarea del banco central estadounidense para lograr que la economía salga de la recesión.