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Cultura

CRÍTICA DE CINE

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Amores prohibidos
El cine húngaro es un gran desconocido en nuestro país, cuyo verdadero nacimiento data de 1912. A lo largo de los años, sus productores y directores más ilustres han sido Paul Fejos, Alexander Korda, Géza Radványi, André De Toth, Zoltán Fábri, István Szabó, Miklós Jancsó y Marta Meszáros, entre otros. Ahora le toca el turno a Kornél Mundruczó, centrado con 'Delta' en una historia incestuosa, protagonizada por dos hermanos, filmada con alambicado preciosismo por un esforzado realizador, incapaz de atrapar la íntima pulsión de unos amores prohibidos. Ribeteada por bonitas imágenes de las riberas del Danubio, el río más emblemático de Europa, el filme de Mundruczó, delata influencias no siempre bien asimiladas del cineasta experimental húngaro Béla Tarr ('El hombre de Londres').
Se da la circunstancia de que durante el rodaje de 'Delta' falleció el actor protagonista, Lajos Bertok, sustituido por el músico Félix Lajkó, que también se hizo cargo de la banda sonora, con lo cual hubo que rodar de nuevo las secuencias en las que aparecía dicho comediante. Según su máximo responsable, el trágico hecho no alteró de ningún modo el desarrollo del guión, recreado a base de largos planos descriptivos, en un afán de índole contemplativa por captar la entraña propia de un tema arriesgado, presente en nuestra sociedad. Tengamos en cuenta que las relaciones entre parientes se callan por vergüenza.
Esa valentía a la hora de filmar un asunto muy presente en la tragedia griega clásica y la misma exquisited de sus imágenes, no nos hacen olvidar lo superficial de la propuesta, que promete más de lo que luego ofrece. Sentimientos tratados con mayor profundidad en títulos del estilo de 'Buenos días, tristeza' (Otto Preminger, 1958); 'El soplo en el corazón' (Louis Malle, 1970); o 'Mi hijo, mi amor' (John Newland, 1970). 'Delta' se convierte así en una película bienintencionada pero poco penetrante, donde los árboles no dejan ver el bosque.
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