La agricultura ecológica gana terreno en Álava. Con el doble objetivo de respetar el medio ambiente y producir alimentos de mayor calidad, ha crecido un 75% en nueve años hasta ocupar el 5% de la tierra cultivada en la provincia, repartida en 51 explotaciones.
El handicap de estos productos alternativos es su precio. EL CORREO ha ido a la compra y llenado dos cestas con 14 artículos genéricos y otros tantos ecológicos para comprobar hasta qué punto se encarece la cuenta. Más del doble. En concreto, un 120%. Uno de los casos más llamativos es el arroz. El de sello ecológico supera en un 400% a lo que cuesta una de las marcas más vendidas. La leche, otro producto básico en la alimentación cotidiana, sale a más del doble. Lo mismo pasa con la docena de huevos o el kilo de patatas. Entre las legumbres, otro alimento frecuente, también se dan diferencias importantes.
Llama la atención que de los 14 productos adquiridos en dos supermercado ecológicos, tan sólo resulten más baratas las manzanas Royal Gala. 21 céntimos por kilo.
La principal ventaja que alegan los productores es que contienen más nutrientes que los procedentes de explotaciones convencionales, «y son más sanos». Pero algunos expertos en nutrición discrepan. «La agricultura ecológica es una filosofía relacionada con el medio ambiente. Nada más. Desde el punto de vista nutricional, estos productos no ofrecen ninguna ventaja», explica Alfredo Fernández, nutricionista de la Universidad Pública Vasca.
40 tratamientos químicos
«Nuestros productos no contienen ningún tipo de residuo químico procedente de los diferentes insecticidas y herbicidas con los que habitualmente se tratan los alimentos. Unos guisantes cuyo destino sean empresas de conservas, puede llegar a tener más 40 tratamientos químicos, mientras que los otros ninguno. ¿Cómo pueden ser igual de sanos?», defienden los productores ecológicos.
Otro factor muy a tener en cuenta cuando hablamos de comida -pues también se come por los ojos-, es la apariencia de los alimentos. Y la de los ecológicos difiere bastante de los otros y muestran un aspecto más ordinario. «Pueden tener un aspecto menos plasticoso, menos perfecto, lo cual puede llevar a muchos consumidores al engaño, y pensar que son mejores», comenta Alfredo Fernández.
El biólogo y nutricionista Javier Arocena lo ve diferente. «La fruta ecológica no es que tenga peor aspecto por que sí. Lo que ocurre es que la fruta no ecológica, al tener mucha más agua que la otra -lo cual acelera el enmohecimiento-, es tratada con productos químicos que hacen que duren más. Si no fuera por los conservantes esta fruta se pudriría antes», sentencia.
Otro aspecto polémico es el de la salud. Mientras unos científicos alegan que la fruta convencional no tiene ningún riesgo, otros han alertado de sus posibles consecuencias. «La salud es algo muy complejo como para poder establecer una relación causa efecto, pero está comprobado que el consumo de tantos productos químicos derivados de la agricultura intensiva ocasionan una merma de los antioxidantes, así como lesiones en el riñón o hígado por su excesivo trabajo. No entiendo cómo no hay más enfermedades», señala convencido Arocena.
Según el experto, en España aún no existen investigaciones «fiables» respecto a la nocividad de estos productos químicos. Pero un estudio de la Dirección General Francesa de Competencia, Consumo y Represión de Fraudes, de 2008, revela que el 45% de las frutas y las verduras que se consumen contiene residuos químicos, mientras que un 7,2 % supera el límite máximo para la salud.