«Coma etílico en Siervas de Jesús». El dispositivo se pone en marcha. La radio anuncia dos palabras malditas con las que comienza la noche. Son casi las doce cuando la ambulancia y el Land Rover de apoyo de la DYA se ponen en marcha. Ya llevan cuatro horas de trabajo, pero a partir de la hora bruja las probabilidades de intervenir -acudir con la ambulancia en el argot sanitario-, aumentan.
Ocho voluntarios se turnan para salir con los vehículos mientras la fiesta bulle a su alrededor. Una caseta de obra situada en el cruce entre Mateo de Moraza y Lehendakari Aguirre, junto al antiguo Banco de España, es la base de los sanitarios. Comienza la noche -del viernes 7-, que dos reporteros de EL CORREO compartieron con los voluntarios.
«-¿Vamos por Mateo de Moraza?», la pregunta es clave. Es el camino más corto, pero la calle está atestada de gente. La respuesta es afirmativa y la expresión resignada. La gente 'torea' la ambulancia, tira bebida e incluso escupe. «Están de fiesta y no entienden lo importante que es apartarse. Necesitamos llegar lo antes posible porque no sabemos qué nos espera», cuenta Carlos Díaz, un blusa de Nekazariak, que tras la ida a los toros colgó las abarcas para ponerse las botas y el chaleco amarillo fosforito.
Hasta las dos menos cuarto de la noche el tiempo corre lento. Alguna quemadura por las chispas del toro de fuego, torceduras de tobillo, golpes, e incluso una mano rota por el porrazo que propinó la puerta de la furgoneta de una cuadrilla de blusas al pillar la mano a una neska. Todo tranquilo. Hay tiempo para charlar.
Buen ambiente
Kepa Gordo, uno de los voluntarios navarros, cuenta cómo esa mañana han salvado a unos excursionistas perdidos en unas cuevas. Incluso tiene fotos en el móvil. Luego empiezan las comparaciones. «He sido voluntario en San Fermín, pero nunca había visto tantos cortes como aquí en Celedón», asegura impresionado. José Antonio González, coordinador de la DYA de Álava, lo confirma. «En total pudo haber más de cuatrocientas intervenciones entre suturas, traslados y atenciones menores. Demasiado desmadre». Incluso hay tiempo para el agradecimiento. La chica de la mano rota, ahora en cabestrillo, se acerca para dar las gracias por la atención recibida en el puesto.
Entre navarros, vizcaínos y alaveses se llevan bien. Para que unos puedan disfrutar de las fiestas de la Blanca, otros se prestan voluntarios para cubrirles en la DYA. Y viceversa. Pero, ¿por qué?, ¿qué les mueve a renunciar a horas de chufla para atender a otras personas? «A cada uno le motiva algo distinto. Desde el morbo, los vehículos, o aprender a tratar con el paciente. Pero en el fondo, cuando vuelves a casa sabiendo que has ayudado a alguien, esa sensación te llena», se sincera Lorena Sieira, conductora y sanitaria.
También hay tiempo para hacer balance. Según Quique del Pozo, un veterano de la asociación, «este año estamos algo mejor. Las vallas imponen algo a la gente y no es tan fácil que los borrachos orinen. Además, los bares están teniendo más consideración y tienen cuidado al sacar la basura». Pero también hay puntos que mejorar: la caseta es pequeña y carece de baño y agua corriente.
Han pasado casi dos horas y se recibe un aviso de un incidente en Zabalgana. Ambulancia y Land Rover se ponen en camino. Luces azules y sirena. Las calles casi desiertas permiten conducir rápido, aunque «siempre hay que prever lo que hacen los demás». La ambulancia va por delante y el vehículo de apoyo le sigue de cerca, pero debe parar. El tranvía tiene preferencia.
Ya en el barrio, los sanitarios recogen a un hombre borracho y le trasladan a Txagorritxu, donde recibe varios puntos de sutura. Pasan cinco minutos y llega otro aviso. Traumatismo, calle Zapatería. Arriba ventanillas. Al llegar a la entrada de la 'Zapa' la furgoneta se detiene. Hay unas sombrillas abiertas que impiden el paso. Además en la calle no entra ni un alfiler. Los amigos del accidentado consiguen sacarle de entre el gentío y el primer reconocimiento indica que no es grave. Pero por si acaso, a Santiago.
Mientras tanto, en la base se aburren. A lo lejos se acerca un blusa muy perjudicado. «Ése viene aquí directo», comentan Oier Díaz, Iker Navarro, Endaitz Estebánez y Aitziber Junguitu. Efectivamente. Se comprueba la glucosa, la tensión, la saturación de oxígeno en la sangre y el pulso. Un reconocimiento rápido indica que es algo más que alcohol. Al hospital.
Otro aviso en la calle Zapatería. Se repite el protocolo aunque esta vez es más grave. La chica está inconsciente. Rápidamente se dirigen al servicio de urgencias de Santiago, que ingresa a la adolescente. Son más de las cuatro de la mañana, el voluntariado ha concluido, pero llegan más avisos. La DYA acude.