ETA ignora los 'daños colaterales'. Tras analizar el 'modus operandi' de la banda en sus últimos atentados, los expertos antiterroristas han llegado a la conclusión de que el único objetivo de los terroristas es buscar el mayor daño posible. A nivel material y en víctimas personales. Tanto el coche bomba utilizado ayer en Burgos, como el artefacto del pasado día 10 contra la casa del pueblo de Durango, carecieron de advertencia previa y fueron activados a través de un temporizador. Sólo la fortuna evitó que se registraran sendas masacres.
La ausencia de aviso previo es interpretado como un cambio de estrategia de la banda, que apuesta ahora por las acciones indiscriminadas con el fin de elevar su grado de amenaza y propagar el terror. ETA buscaría así causar un elevado número de bajas, sin importarle que entre los heridos haya vecinos o transeúntes. Por desgracia, no es una novedad. Se ha repetido en anteriores ataques a otras dos casas cuartel de la Guardia Civil -la de Durango en 2007 y la de Legutiano en 2008, donde falleció el agente Juan Manuel Piñuel- y contra las comisarías de la Ertzaintza en Zarautz, en 2007, y Ondarroa, en 2008. Sí hubo llamada, sin embargo, en abril de 2008, cuando ETA voló la casa del pueblo del PSE en La Peña y contra un repetidor en Castro Urdiales el pasado 6 de junio. En ambos casos colocó junto al artefacto un cartel con la leyenda ' Peligro bomba'
El cambio de táctica evidenciaría, según los expertos, una vuelta de tuerca más de los terroristas en la espiral de violencia y su apuesta por la crueldad como colofón a un supuesto debate interno abierto en su cúpula en los últimos meses. La organización terrorista habría optado, una vez más, por una huida hacia adelante para tratar de responder a las constantes caídas policiales de sus comandos y subyugar la discusión política interna. Además, la apuesta por la 'mano dura' y por el regreso a los años más duros de su actividad trataría de acallar las voces discrepantes que exigen poner fin a la lucha armada y optar exclusivamente por las vías políticas.
En este sentido, fuentes de la lucha antiterrorista creen que el atentado de ayer vuelve a poner de manifiesto que ETA no cree en Batasuna o la izquierda radical como un agente político que sirva a sus fines. La banda vuelve a menospreciar a la coalición ilegalizada -como ya sucedió con el atentado de la T-4 de Barajas en la recta final del último alto el fuego- y lo hace justo cuando diferentes fuerzas abertzales debaten sobre la puesta en marcha de un polo soberanista que aglutine a los partidos independentistas.
El indiscriminado ataque de ayer confirma la puesta en marcha de una oleada de violencia enmarcada en su 'campaña de verano', que comenzó con el asesinato del inspector de policía Eduardo Puelles el pasado 19 de junio en Arrigorriaga y siguió con el atentado contra la casa del pueblo de Durango. Fuentes de la lucha antiterrorista atribuyen estos tres atentados al comando Vizcaya. En concreto, a los restos del complejo que en su día estuvo liderado por el que posteriormente se convertiría en jefe militar de ETA Jurdan Martitegi, detenido el pasado abril en Francia, cerca de Perpignan, cuando adiestraba a un grupo de 'legales' -no fichados- que debía actuar en Álava.
Con anterioridad, hace ahora justo un año, la Guardia Civil había arrestado a Arkaitz Goikoetxea, uno de los 'liberados' del comando Vizcaya que había dirigido desde el final de la tregua de 2007 las principales acciones cometidas por ETA en Vizcaya y en provincias limítrofes. Su compañero en este talde era Jurdan Martitegi, que consiguió escapar de la redada y huir a Francia. Los dos líderes del grupo -ambos a sueldo de la organización- habían creado su propia red de colaboradores. La operación policial acabó con el entramado de Goikoetxea, pero no encontró pistas para investigar la estructura que dejó Martitegi. Esta célula habría estado inactiva en los últimos meses hasta comprobar que las distintas operaciones policiales no han afectado a su seguridad. Según esta teoría policial, tras cerciorarse de que no estaban controlados, habrían vuelto a la acción.
Minimizar riesgos
Fuentes de la investigación señalaron ayer que fueron dos etarras los que estacionaron la furgoneta bomba en el descampado situado detrás de la casa cuartel de Burgos catorce horas antes de que estallara. Un tercer miembro de ETA les estaría esperando en otro vehículo, en el que supuestamente huyeron. Este turismo habría servido de lanzadera, circulando delante de la furgoneta Mercedes Vito durante el traslado de los explosivos para advertir a sus ocupantes de la posible presencia de controles policiales. Los terroristas habrían recibido el vehículo ya preparado de manos de otro comando procedente de Francia, donde disponen de un taller para acondicionar los coches bomba.
Tras recibir la furgoneta, el 'Vizcaya', con información que ya recopiló el colaborador de Arkaitz Goikoetxea, Iñigo Gutiérrez hace un año, falsificó las matrículas y colocó el vehículo. Este método garantiza la eficacia de los terroristas y minimiza sus riesgos de ser detenidos.