La España que aún se está acostumbrando a reconocer en Patxi López al lehendakari vasco descubrió ayer otro rostro que asociar con el Ejecutivo de Vitoria. Escucharon en los informativos radiofónicos y vieron por televisión a una mujer de tono firme y enfado contenido, de aplomo y mensaje claro y directo. «No habrá espacios de impunidad para ETA», dijo. Isabel Celaá, la consejera de Educación, encabezó la representación vasca tras el atentado contra el cuartel de Burgos, ciudad a la que acudió en nombre del Gobierno de Euskadi y donde visitó las ruinas dejadas por ETA. Durante esta semana, Celaá es lehendakari en funciones por la ausencia de López, que descansa unos días fuera del País Vasco.
El jefe del Ejecutivo decidió no interrumpir su estancia vacacional, pero condenó a primera hora de la mañana el atentado con una declaración de repulsa personal en el blog que escribe en Internet y coordinó la respuesta institucional vasca. También pudo mantener una conversación con el presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, en la que le expresó su solidaridad, el apoyo del Gobierno del Euskadi y mostró su preocupación por el estado y evolución de los heridos. Desde las oficinas gubernamentales, la portavoz del Gobierno, Idoia Mendia, se encargó de lanzar el primer mensaje de condena del Ejecutivo a través de los micrófonos de la radio pública vasca.
Fuentes del entorno socialista indicaron que la agenda del lehendakari se hubiera alterado de forma inmediata en caso de haber tenido que lamentar desgracias personales mayores y que, en todo caso, se hubiera desplazado a Burgos de haber habido víctimas mortales. López fue quien encabezó personalmente la representación de su gabinete tras el atentado contra el inspector Eduardo Puelles en La Peña, el primer golpe mortal de ETA desde que el líder socialista tomó posesión de la presidencia vasca.
Veteranía
En aquella jornada de mediados de junio, el lehendakari y su hombre en Interior, Rodolfo Ares, abandonaron apresuradamente el Parlamento vasco una vez se hubo confirmado el fallecimiento del policía. En el barrio bilbaíno donde explotó la bomba lapa bajo el coche de Puelles, López consoló a los allegados y comenzó a tejer vía telefónica la manifestación unitaria que recorrió unos días después las calles de la capital vizcaína.
Esta labor de representación correspondió ayer a Celaá por pura veteranía. En ausencia del lehendakari, el reglamento institucional establece que las riendas debe tomarlas la persona que ocupe la vicepresidencia, pero esta previsión hace aguas esta legislatura: López no designó vicelehendakari. Para estos casos, la Ley de Gobierno prevé que la representación recaiga en el consejero con mayor antigüedad en el cargo y, en situación de empate -como es el caso-, el consejero de más edad. López no estuvo ayer en la protocolaria recepción de San Ignacio en Vizcaya ni estará en la homilía de la basílica de Azpeitia, dos citas de finales de julio habituales para el anterior jefe del Ejecutivo, Juan José Ibarretxe.
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