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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 8 febrero 2012

Álava

DANIEL REBOREDO. ESCRITOR

El colaborador del EL CORREO y ganador del premio de ensayo de la Diputación foral analiza el devenir de la Europa posmoderna
27.07.09 -

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«Los vascos aún no se sienten europeos, por creer que renuncian a su identidad»
Reboredo es experto en asuntos europeos. / JOSÉ MONTES
El sentimiento europeo es algo abstracto. En un continente plagado de nacionalismos y cada vez más mestizo, no es fácil alcanzar una identidad común. Una respuesta a este dilema es lo que Daniel Reboredo trata de plantear en su último libro 'La identidad de la Europa posmoderna', una obra editada por el Departamento de Cultura de la Diputación alavesa y que ganó la veinte edición del premio de ensayo Becerro de Bengoa. Este escritor, colaborador de EL CORREO y experto en asuntos europeos, explica a través de esta entrevista cómo el refuerzo de la participación ciudadana activa junto a una historia común y una cultura cercana pueden esculpir la identidad de la Europa del siglo XXI.
-¿Se puede ser nacionalista y europeo a la vez?
-Si no es un nacionalismo etnocentrista, sí. El sentimiento de superioridad y el rechazo de algunas razas hacia otras no es más que el temor a una limitación de la propia identidad. Esto es lo que pasó en la Alemania nazi o en los Balcanes.
-¿Se sienten europeos los vascos?
-Todavía no, pero como en el resto de Europa.
-¿Por qué?
-Hay gente que piensa que es renunciar a la identidad propia, sobre todo la de índole político, y realmente no es así. Hay que eliminar las carencias en el ámbito ciudadano y no dejar que se vea a las instituciones europeas como algo lejano.
-En un continente cada vez más mestizo, ¿cómo puede alcanzarse una identidad común?
-A través de la participación activa. La sociedad civil tiene el poder de presionar a sus gobiernos para defender sus propios intereses. Las democracias blandas en las que vivimos dejan apartados en estos momentos esos preceptos fundamentales. Por ello, los ciudadanos deben asumir su papel e intervenir.
El reto del extranjero
-Pero si en algunos lugares los hijos de inmigrantes no son vistos como ciudadanos...
-Eso es cierto, pero con la tercera generación la percepción es distinta, porque estos ya se sienten ciudadanos. Gozan de derechos y se sienten obligados como los demás.
-¿Cree que podrían producirse en el País Vasco explosiones sociales como las que se vivieron en París en 2007 o en la localidad almeriense de El Ejido hace ya nueve años?
-En un clima de xenofobia y discriminación a la hora de acceder a los puestos de trabajo, sí podría pasar.
-Y eso si la situación económica no emperora...
-Es verdad que en las épocas de crisis aumenta el rechazo contra la gente que viene del exterior y las minorías. Una buena economía mantiene a los problemas en conserva.
-¿La identidad europea tendría la misma salud que ahora con un euro débil frente al dólar?
-Desde luego que no. La fortaleza económica ha sido el antídoto a muchos conflictos.
-¿Sin esa fortaleza sería posible esa Europa soñada por Jean Monnet?
-No. la situación económica es la que ha estabilizado el proyecto europero. Ahora lo que de verdad le hace falta es el impulso político.
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