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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 10 febrero 2012

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DE CUANDO EN CUANDO

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Mi amigo Santos, que se llama Santos de nombre y no de apellido, es un artista relojero de altura. No por su estatura (es alto, pero sin exagerar), sino porque es capaz de construir él solo, y pieza por pieza, el reloj de una torre. La relojería moderna o clásica, incluso la antigua, no tienen secretos para él y esta afición le llevó a construir y regalar a Bilbao el más original reloj de fachada, animado por nueve figuras que tocan cada cual su campanita.
Será difícil encontrar, no digo en Bilbao, posiblemente en el mundo, un reloj de tales características, porque las nueve figuras, todas ellas representando a personajes clásicos, están conectadas con un mecanismo radioeléctrico exacto que señala de forma sonora cada cuarto de hora, cada media y cada hora. Merece la pena pasar por su tienda, situada en San Mamés esquina Iparraguirre, sobre todo a las horas en punto, que es cuando trabaja toda la compañía de personajes. Se lo recomiendo.
Pero es que mi amigo Santos, además de este reloj artístico y escenificado, tenia en su fachada desde hace más de 40 años otro reloj clásico de los de esfera redonda, uno de los que formaba la nómina de los relojes públicos de Bilbao, que por serlo ofrecen sin duda un servicio al vecindario. Pues bien, resulta que mi amigo se ha encontrado con que el Ayuntamiento le exige el pago de un impuesto por la sencilla razón de que, al estar en posición perpendicular a la fachada, sobresale de ésta y, por tanto, ocupa un espacio público.
Al parecer, el espacio público y municipal no es el que está a nivel del pavimento, sino todo el espacio que hay desde el pavimento hacia arriba y cualquier objeto que sobresalga de la fachada, aunque se encuentre a tres o cuatro metros de altura, ya sea un letrero, un reloj o el asta de una bandera, está obligado a pagar su impuesto correspondiente.
Y el relojero, que consideraba su reloj no como un reclamo publicitario, sino como un servicio público, se ha encontrado ante la disyuntiva de pagar el impuesto o quitar el reloj. Se ha decidido por la segunda opción. En la nómina de los relojes públicos de Bilbao hay desde ahora un reloj menos.
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