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VIZCAYA | INCINERADORA
Los análisis en Zabalgarbi alertan de que se ha disparado la contaminación del terreno

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Los terrenos sobre los que se asienta la incineradora de Zabalgarbi presentan en los últimos meses niveles crecientes de contaminación. Los análisis efectuados en distintos puntos del exterior de la planta revelan la existencia de ciertos metales pesados, cloruros y un incremento de la conductividad en el suelo colindante. Se da la circunstancia de que el canal de Ordunte, que abastece de agua potable a Bilbao, circula por debajo de las instalaciones a varias decenas de metros de profundidad. Sin embargo, no existe constancia de que estas sustancias hayan afectado de momento al conducto subterráneo.
Extraídas por un laboratorio a petición de la propia Zabalgarbi, las muestras, a las que ha tenido acceso este periódico, desvelan un incremento de sustancias contaminantes en dos de los piezómetros -puntos de medición de varios metros de profundidad- de la planta, que se encuentran a pocos metros del horno y del depósito de residuos. Los datos evidencian la evolución de la presencia de estos materiales en la tierra a lo largo de los últimos tres años. Según técnicos consultados, los niveles de cloruros y metales pesados aparecidos «no suponen, por ahora, un perjuicio grave para la salud pública». Pero recalcan que el «constante» aumento en las tasas de contaminación -constatable en las tablas desde hace algo más de un año y, sobre todo, desde los últimos meses- revelan la presencia de «algún tipo de problema» en el subsuelo de la planta que resulta necesario «atajar cuanto antes». En caso contrario, añaden los mismos medios, la acumulación de elementos tóxicos podría acabar afectando a todo el terreno de la planta y al propio canal de Ordunte.
Los picos de contaminación, en este sentido, se empiezan a disparar a partir de marzo. Es en este mes cuando, en dos puntos de medición determinados, se constata un incremento relativamente homogéneo en los distintos índices que revelan la acumulación de sustancias tóxicas. Así, la presencia de arsénico -un metal pesado- en el subsuelo de la planta se ha mantenido relativamente uniforme hasta hace cuatro meses, cuando comenzó a crecer de forma exponencial. Lo mismo ha ocurrido con otros elementos como el bario, el sodio y el potasio. Los niveles detectados de cinc en uno de los piezómetros -o la presencia de cloruros- muestran un significativo incremento a partir de mayo.
Debate sobre la ubicación
La ubicación de Zabalgarbi, situada en las faldas del monte Arraitz, a escasos dos kilómetros de la capital vizcaína, ya fue ampliamente debatida en la década de los noventa, cuando se empezó a estudiar la conveniencia de construir una incineradora que permitiese convertir en electricidad parte de los residuos sólidos urbanos que genera Vizcaya. Algunos partidos, organizaciones ecologistas y colectivos ciudadanos iniciaron una campaña de protestas. Finalmente, el Gobierno vasco dio luz verde con numerosas correcciones ambientales a la incineradora, que empezó a operar en 2004.
A nivel accionarial, las instituciones cuentan con un 35% del capital de Zabalgarbi. La Diputación vizcaína controla un 20%; el Gobierno de Vitoria, un 10% a través del Ente Vasco de la Energía (EVE); y un 5% la Mancomunidad de Municipios de la Margen Izquierda. La mayoría está en manos de Sener y la constructora FCC, que dominan a partes iguales el 60%. El 5% restante corresponde a la BBK.
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