Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

null

VIZCAYA

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Como manda la tradición, ayer, 7 de julio, fue un día proclive a los encierros. También a las encerronas, o eso es al menos lo que debieron de pensar los conductores que no previeron al confeccionar su ruta que ayer comenzaba el cierre al tráfico del puente de Deusto, arteria del complicado ir y venir motorizado en la constante hora punta bilbaína. Hay que reconocer que las autoridades lo habían advertido y que los medios de comunicación amplificaron sus recomendaciones: chicos, vamos a cerrar el puente de Deusto, pero tranquilos, hay rutas alternativas, también podéis probar a dejar el coche tranquilo y coger un autobús, sí, eso es, los vehículos grandes y rojos. Pese a todo, existía el temor de que el primer día sin puente transformase la ciudad en un infierno irresoluble de retenciones y bocinazos a compás.
Y, sin embargo, no pasó gran cosa. A primera hora hubo algo más de tráfico, especialmente en el puente Euskalduna. Y ya está. He de reconocer que yo era de los que pensaba que el cierre del puente de Deusto iba a causar algunos efectos fenomenales: colas kilométricas, ataques de ansiedad colectivos, revueltas populares, caídas de gobiernos municipales. Me parecía lo más lógico, teniendo en cuenta la mesura y la urbanidad habitual en el conductor medio bilbaíno. Ya lo ven, me precipité al acercarme a las ocho de la mañana al puente con una silla plegable, una cámara de fotos y algo para picar.
Sólo encuentro tres explicaciones a la normalidad con la que se resolvió todo. La primera es que el puente de Deusto, en realidad, no sirve para nada. La segunda consiste en que los automovilistas hicieron caso al Ayuntamiento y utilizaron el transporte público. La tercera indica que en Bilbao había mucha menos gente de lo habitual, o sea, que media ciudad está de vacaciones. Las dos primeras explicaciones se descartan solas por fantásticas. Así que quizá haya que apostar por la tercera. Ayer las retenciones de importancia debieron de darse en los paseos marítimos de sitios como Bakio, Castro o Salou. En Bilbao, tráfico fluido. Como la seda.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS