La movilidad de Bilbao pasó ayer el primer examen. Parece que los conductores salieron de casa con la lección aprendida y el cierre al tráfico del puente de Deusto no provocó el colapso circulatorio que suele generarse en la villa, incluso, por incidencias bastante menos traumáticas que la clausura de una de sus principales arterias de comunicación, como es este emblemático paso sobre la ría. Sin ir más lejos, un accidente en la autopista saturó el pasado viernes todos los viales del centro de la ciudad y gran parte de los de los barrios. Ayer, sin embargo, la fluidez fue la tónica general, pese a que tres puentes -Euskalduna, La Salve y el del Ayuntamiento- tuvieron que añadir a su tráfico habitual el que les derivó el de Deusto, que por cierto suele ser un vial bastante congestionado, ya que es utilizado como ruta común de entrada y salida de la capital.
No obstante, hubo puntos conflictivos durante toda jornada, sobre todo, a primera hora de la mañana. Zonas que, por sí mismas, registran siempre gran afluencia de tráfico, y que ahora coinciden con los itinerarios alternativos para quienes suelen venir o salir por Deusto. El principal pagano resultó ser el puente Euskalduna. Fue el elegido por la mayoría para suplir a la zona de obras y la congestión típica del Sagrado Corazón provocó caravanas intermitentes entre la rotonda de Botica Vieja y el palacio de congresos.
El peligro de las incidencias de tráfico suele ser esa especie de efecto dominó que hace caer en las garras del atasco a viales de influencia, uno tras otro. Quizá por ello, entrar a Bilbao por Sabino Arana fue algo más complicado, aunque nada llamara especialmente la atención a los conductores. En uno de los parones a la altura de San Mamés, Carlos Fuentes, transportista, confesaba que «no he caído en lo de Deusto. No sé si tendrá algo que ver. No creo, porque este es el pan nuestro de cada día. El Sagrado Corazón no traga tanto coche».
Despistes
Sin salir de Deusto, la Avenida Madariaga y Francesc Maciá fueron las calles en las que más se notó el cierre del puente. En el primer caso, porque los trabajos de rehabilitación de la calle no fueron buenos compañeros en un día más complejo de lo normal sobre el asfalto. Y Francesc Maciá era el desvío obligatorio para todos los que llegaron a la rotonda de Pío X con intenciones de cruzar el pasarela en obras. Incluidas varias líneas de autobús.
Esto provocó no pocas sorpresas entre algunos pasajeros. Fue el caso de Pilar Arce, una vecina de San Ignacio que tomó el 18 de Bilbobus para visitar a un familiar en Zorroza y, nada más torcerse su trayecto por Francesc Maciá, creyó haberse equivocado de línea. «¿En cuál me he subido? ¿No es el 18?», exclamó. Enseguida le explicaron el por qué del cambio de ruta.
El puente de La Salve gestionó con soltura el asunto, pese a ser una de las tres rutas recomendadas para esquivar Deusto. La fluidez fue general durante todo el día. No fue tan sencilla la jornada en el puente del Ayuntamiento. Aunque sin grandes caravanas, la calle Buenos Aires y el giro de la plaza Venezuela registraron mayor densidad de tráfico, sin llegar a mayores. La prueba es que Hurtado de Amézaga apenas notó nada extraño para un laborable, y encima de rebajas.
Olor a quemado
Mientras el tráfico se reajustaba a su alrededor, el puente de Deusto ofrecía una imagen insólita: vacío de coches y lleno de operarios y maquinaria. Desde la distancia, la histórica pasarela levadiza denotaba un intenso día de trabajo. Multitud de chalecos reflectantes recorrían el trazado de un lado a otro. Varios camiones con palas de obra eran los únicos vehículos sobre el asfalto y, pese a la ausencia de tráfico rodado, el ruido no abandonó la zona.
Martillos neumáticos, máquinas para levantar el firme, potentes motosierras de metal, todas a pleno rendimiento, hacían resonar y vibrar más que nunca la construcción. Olía a polvo y a quemado, y es que salían chispas al intentar separar piezas metálicas que han estado ensambladas durante muchas décadas.
Mientras algunos operarios preparaban el tajo en terrenos por los que hasta ahora circulaban los vehículos, otros hurgaban ya en las tripas del puente, en las zonas que llevan trabajando varias semanas. Ayer sorprendía ver a los obreros totalmente engullidos en el interior de la junta de culata, el punto de unión de las partes fija y móvil de la infraestructura. Apenas sobresalían los cascos a la altura del asfalto.
Esta zona del mecanismo del puente era una de las más deterioradas por la corrosión y el paso del tiempo y el plan de obra situó su reparación en los primeros lugares de la lista de actuaciones prioritarias. Después de trabajar este punto, se desplazarán a los bulones de cerrojo; es decir, el mecanismo que cierra y fija las hojas móviles del puente. Y no hay que olvidar las aceras, que se rehabilitarán en la segunda quincena de este mes y obligarán a cortar esporádicamente el paso también a los peatones.