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Política

Álava, en el centro de la política vasca

Los populares, en su afán por extender el cambio a Álava, se comprometen arespaldar al alcalde socialista de Vitoria, que hasta ahora se apoya en el PNV

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La negativa del PSE alavés a pactar con el PP complica la moción de censura
Los socialistas Patxi Lazcoz y Txarli Prieto, con el secretario general del PP, Iñaki Oyarzábal, en un acto social. / I. AIZPURU
La posible moción de censura en Álava contra el diputado general del PNV, Xabier Agirre, sigue enredada en un laberinto plagado de obstáculos del que las cúpulas del PSE y del PP intentan salir de manera airosa y sin provocar fracturas internas. Y no es sencillo. Las ejecutivas territoriales de ambos partidos siguen presionando a Patxi López y Antonio Basagoiti. En el caso popular, para que el desalojo jeltzale se produzca de la manera más rápida posible; en el socialista, para que la reprobación no se lleve a efecto. En este sentido, toda la dirección provincial liderada por Txarli Prieto ha expresado su rechazo a la alianza con el PP.
Aunque el PSE intenta negociar la cuestión alavesa con grandes dosis de discreción, hace ya varios meses que Ramón Jáuregui -eurodiputado, ex secretario general del PSE, ex diputado por Álava y actual miembro de la dirección territorial- expresó de forma pública que esa hipotética moción de censura sería «frentista» y no entraba en los planes» de su partido. Toda una declaración de intenciones de una de las personas con mayor ascendiente dentro de la formación.
Lo cierto es que las reticencias de la dirección alavesa encabezada por Prieto están colocando en una difícil tesitura a los máximos responsables socialistas. A pesar de que hay matices, la mayoría de los dirigentes del PSE dan por hecho que la entrega de la Diputación de Álava al PP es un hecho inevitable. Aunque se trata de una iniciativa que en la sede de Alameda de Rekalde sigue generando sarpullidos, se considera que «la realidad es la que es». Y ésta es sencilla: el PP sustenta al Gobierno de Patxi López y quiere cobrarse un precio. Y es Álava.
Situación endiablada
La situación para el PSE es endiablada. Casi nadie -por no decir nadie- dentro del partido apoya por convicción la moción, pero se teme que impedirla acabará por pasar factura al lehendakari. En este contexto, la posición del PSE alavés es calificada por alguno de sus compañeros en Vizcaya y Guipúzcoa como «comprensible», pero «imposible» de mantener en el tiempo. Según esta versión, la ejecutiva dirigida por Prieto buscaría escenificar su malestar para poder 'vender' ante sus votantes que han tenido que ceder «por un bien mayor»: la estabilidad de López. Ahora se trataría de buscar cómo explicar esta iniciativa sin que suene al «frentismo» al que aludía Jáuregui. La pretensión del PSE es trasladar a la opinión pública que no es un intercambio de cromos, sino una necesidad social; intentar demostrar que la gestión de Agirre es tan nefasta que les obliga a expulsarlo de la institución.
Pero se admite que la estrategia de 'marketing' es complicada. Y aquí entran en juego los plazos. Si hay que hacerlo, opinan buena parte de los dirigentes del PSE, cuanto antes mejor. Según esta versión, hacerlo este mes o a primeros de agosto permitiría que el primer impacto explotase en plenas vacaciones, lo que amortiguaría el golpe. Retrasarlo a septiembre, puntualizan, sería peor, ya que enturbiaría, entre otras cuestiones, el arranque del curso político, la gestión de López y la negociación presupuestaria. En todo caso, algunos dirigentes socialistas mantienen un hilo de esperanza: convencer al PP de que espere hasta las forales de 2011.
Y el Partido Popular está impaciente porque quiere que la moción de censura se presente cuanto antes. Descartada la idea de plantearla sin tener atado el respaldo del PSE, los populares insisten en la oportunidad de provocar el cambio en Álava «ya», mejor en julio que en septiembre. Esta propuesta es defendida con ardor por el sector alavés, principal beneficiario del desalojo del PNV del poder.
Pero el PP ha moderado las formas en sus exigencias. Evita ahora pisar a fondo el acelerador, al menos públicamente, para dar tiempo a digerir las repercusiones de la moción al PSE, que tiene una relación especial con los jeltzales en Álava. Se apoyan mutuamente los presupuestos en la Diputación y en el Ayuntamiento de Vitoria, gobernado por el socialista Patxi Lazcoz.
Todo esto cambiaría si hay fumata blanca con el grupo de Antonio Basagoiti. Los populares se comprometen a garantizar la paz al PSE en el territorio alavés, tras una etapa de hostilidades mutua. Si hay moción de censura, han comunicado a la formación de Patxi López su disposición a respaldar las cuentas a Lazcoz.
Sin órdagos
Dan por hecho que los socialistas harían lo propio en la Diputación alavesa, que pasaría a estar liderada por Javier de Andrés, su candidato en las últimas forales. Además, renunciarían a las querellas puestas contra el PSE en Vitoria y en la Caja Vital, donde socialistas y peneuvistas suman mayoría. En son de paz, respetarían este equilibrio de fuerzas en la entidad financiera.
Pasó el tiempo de los órdagos ahora que avanzan las negociaciones entre populares y socialistas. Bastante aldabonazo supuso el anuncio del líder del PP alavés, Alfonso Alonso, quien puso fecha para la moción de censura -«antes de agosto»- cuando las conversaciones estaban todavía en pañales. Basagoiti también tiene sus problemas internos para aplacar al exigente clan de los alaveses. Si vuelven a escucharse chirridos, será señal de que las negociaciones se atascan.
Para el PP no sólo es importante extender el cambio político hasta Álava para reivindicar la primacía electoral que logró en las forales de hace dos años. Si prospera la moción de censura, el partido de Basagoiti verá roto «el cordón sanitario que socialistas y nacionalistas» le colocaron entonces para dejarle fuera del juego del poder. Todo apunta a que esta semana será clave en la resolución de la cuestión alavesa.
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