Aprovechó la fresca para echarse a la calle, que ya llevaba un tiempo montada; se subió al urbano periférico en el Seminario y se apeó de él en la parada de Mendizorroza. Un trayecto familiar, con destino al fútbol. Madrugador, a José Manuel Martínez, vitoriano de 34 años, ya sólo le quedaba alistarse como alavesista. Llegó tan pronto a las taquillas del estadio que consumió veinte minutos hasta que, a las nueve en punto, la secretaria Maite Parra subió diligente la persiana a la campaña de socios 2009-10. Fue el más impaciente, el abonado 8.105 según el listado de la casa albiazul, pero el primero de Segunda B. Después de él, el vacío por un rato. Más de media hora tardó en presentarse el siguiente abonado ante un aparcamiento que aún carecía de vida.
Con la camiseta rioja de la Copa de la UEFA y su radiante carné de Polideportivo, fila 6, asiento 101, a José Manuel no se le puede cuestionar el amor a los colores. «Ahora es cuando de verdad se debe sentir el orgullo de ser del Deportivo Alavés», considera. Y eso que, como lamenta, se tomó «un año sabático», el pasado, por razones que a nadie incumben. «No me tenía que haber borrado nunca», es su pesar.
La promesa adquiere vigencia. Ya sabe qué significa jugar en Segunda B y hasta en Tercera para 'El Glorioso', por el que se desvela «desde crío». Ayer, cuando tuvo frente a sí gran parte del graderío libre para elegir asiento, buscó un hueco de su pasado, una localidad que estuviera cerca de la tribuna de Preferencia. «Antes, cuando no había esquinas, los jugadores salían por un túnel. A mí me gustaba verles», rememora.
Es curioso, pero el primer fiel de la nueva hornada albiazul siguió en directo el anterior y último duelo del Alavés en Segunda B, en junio de 1994, en La Victoria (Jaén). «Me fui con una cazadora negra. Paramos en Ciudad Real. ¡Qué calor! Perdimos, pero empató Las Palmas y los trescientos que estuvimos allí lo pasamos de cine celebrando el ascenso a Segunda». Sólo espera que si esta campaña hay que festejar de nuevo la vuelta a la categoría perdida, «que sea en Vitoria».
También estuvo en Dortmund. En la final de la UEFA se mojó, para variar. «Iba en manga corta y me calé hasta los huesos. Los alemanes y los hoolingas se quedaron flipados cuando bajó Celedón», recuerda ocho años después. Ayer, también vestido de verano, como en la gran cita del Alavés, José Manuel Martínez prometió amor eterno a un equipo hoy de Segunda B.