Cinco días después de que una espectacular granizada arrasara Vitoria, la tormenta no ha amainado todavía para los miles de afectados que desde el jueves tratan de poner remedio a los graves desperfectos que el pedrisco ocasionó en sus viviendas y vehículos. Ahora bien, pasada la tempestad, la calma tardará tiempo en llegar. No en vano, ni los peritos de las compañías de seguros, ni los talleres de reparación de vehículos, 70 en toda la provincia, dan abasto. Y numerosos vitorianos -más de 3.000, según ha podido saber EL CORREO- tendrán que esperar a la vuelta de las vacaciones para poder poner a punto sus coches.
«Estamos absolutamente desbordados. Tenemos más de sesenta clientes en lista de espera y trabajo asegurado hasta noviembre, por lo menos», aseguró ayer a este periódico Andoni Martínez de Marigorta, gerente del negocio de carrocerías que lleva su apellido. Su caso no es, ni de lejos, el único. Al contrario. Su análisis se repite al pie de la letra en las veinte empresas carroceras con las que se ha puesto en contacto este diario. Hasta el punto de que en algunas, como Gurea, están al borde del «colapso». «Casi no podemos ni trabajar porque el garaje está abarrotado. Tenemos dobles filas en la calle y a muchos clientes ya les hemos dicho que no podremos atenderles», lamenta José Luis González, el propietario del taller.
La «avalancha» de clientes que desde el miércoles soportan todas las carrocerías de la ciudad ha sido tal que a sus propietarios no les ha quedado más remedio que establecer prioridades. Así, en estos primeros cinco días posteriores a la granizada, la mayoría de los locales se ha dedicado a reparar los desperfectos más urgentes. «De momento, no arreglamos los bollos en la chapa porque no se puede. Lo prioritario es reparar las lunas, los retrovisores, los faros y los pilotos rotos para que los vehículos puedan al menos circular», subrayó Arantza Arnaiz, de la carrocería Basterra.
Sin vacaciones
El mismo procedimiento se sigue en Gobeo, cuyos operarios no se irán de vacaciones en verano. «No tenemos sitio ni para un solo coche más y la lista de espera llega ya al medio centenar, así que este agosto nos toca trabajar». «Y es que -recuerdan en la carrocería Bastia- al margen de los coches afectados por la granizada, la gente se sigue dando golpes que también tenemos que arreglar».
Mientras los carroceros de Vitoria se cargan de trabajo «por lo menos hasta fin de año», auguran en Hermanos Aramburu, los afectados por la granizada mantienen abierto un segundo frente, confiados en que el Ayuntamiento consiga que el Gobierno central atienda su petición de declarar a Vitoria zona catastrófica. En tres días, han sido 5.350 las personas que se han acercado hasta las oficinas municipales de la plaza de España y los centros cívicos para reclamar información. Y, de ellas, más de 1.400 han hecho entrega de una instancia con la oportuna reclamación de daños.
Así las cosas, a los damnificados por la tormenta de granizo no les queda más remedio que «armarse de paciencia», les pide el presidente de la Asociación de Empresarios de la Automoción de Álava, Fernando Díaz Zufiaurre, y «disfrutar de sus vacaciones porque los talleres vamos a hacer un importante esfuerzo para que las reparaciones se solucionen lo antes posible».