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El proyecto de la nueva Alhóndiga sigue adelante. Poco a poco, va tomando forma frente a nosotros su futuro moderno y multidisciplinar. Eso es algo estupendo. También, a su manera, increíble. En la historia reciente de Bilbao, La Alhóndiga había llegado a ostentar la borrosa condición de un 'macguffin' hitchcokiano: algo muy vistoso y bastante ficticio que sólo servía para hacer avanzar la trama de nuestra vida municipal. Hagan memoria: La Alhóndiga y el cubo de Gorordo, La Alhóndida y el megapolideportivo de Ortuondo, La Alhóndiga y el Pasaje del Terror.
Finalmente La Alhóndiga será un centro vanguardista de ocio y cultura diseñado por el famoso Philippe Starck, ese genio francés y contemporáneo que lo mismo decora un pub en Tokio que presenta en Londres una colección de ropa interior. A mediados del año que viene podremos comenzar a disfrutar de las instalaciones, que tendrán un poco de todo: mediateca, piscinas, salas de exposiciones, gimnasios. Ahora conocemos los detalles de la urbanización del entorno del edificio. Algo digno de verse, o al menos, de imaginarse. La nueva Alhóndiga extenderá su influjo por los alrededores del antiguo almacén de vinos, especialmente por la plaza Arriquibar, que se transformará en una especie de vestíbulo exterior engalanado de vegetaciones primorosas y llamativas luces futuristas.
Hay que reconocer que la plaza Arriquibar estaba últimamente bastante oscura y deprimida, con lo que la inminente reinvención es una buena noticia. También lo es que se le vaya a perdonar la vida a su clásica fuente, que se integrará en el escenario ideado por Starck. El diseñador francés conseguirá varios prodigios en la zona. Por ejemplo, que el pavimento parezca cubierto de alfombras. «Es una oportunidad única de que la ciudad conozca el diseño de Starck», ha dicho el concejal de Obras Públicas. Y lleva razón porque muchos de nosotros gastamos una cultura de suplemento dominical y lo único que conocemos suyo es el célebre 'Juicy Salif', ese exprimidor con forma de araña alienígena. Todo cambiará muy pronto, cuando la nueva Alhóndiga abra al fin sus puertas y podamos admirar, gozar e incluso pisar (con cuidado) los frutos del talento del gran diseñador.
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