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CARTAS AL DIRECTOR

06.07.09 -

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Su existencia no es suficiente, aunque si necesaria. Me refiero a las ordenanzas municipales cuyo compendio viene a ser como los manuales de calidad de las empresas, de forma que de ayuntamientos que dispongan de pocas ordenanzas (aunque se hagan cumplir, que no es poco) se puede decir que son ayuntamientos con poca capacidad de gestión.
Somos un país sin matices en los colores. O blanco o negro y en medio nada, es decir, sin grises. Quiero referirme con esto a los anuncios y pintadas en las paredes que, de tanto verlos, acaban formando ya parte del paisaje urbano; es decir, acabamos por no verlos. Pero son como las estrellas durante el día, que aunque no las veamos están ahí.
Hubo un tiempo en el que estaba prohibido fijar carteles en las paredes. De las pintadas no se decía nada porque ni se habían inventado. Con el advenimiento de la democracia y aunque con unos años de retraso, se puso en marcha aquel legendario eslogan del París Mayo 68 que decía 'Prohibido prohibir'. Abierta la veda, partidos políticos, grafiteros, sindicatos, los que buscan trabajo o tienen algo que vender, los que pregonan eventos de todo tipo, los gamberros y un largo etcétera se han enseñoreado de las paredes. Sin duda las autoridades municipales pensarían ( y siguen haciéndolo) que prohibir no era progre.
Pero que éste sea un hecho habitual no quiere decir que sea normal y para demostrarlo basta con darse una vuelta por otras latitudes y allí donde las autoridades locales han tenido sensibilidad, ganas y gusto por el orden y la estética, el resultado es bien distinto del por aquí conocido, donde la cutrez impera por doquier. Y el pueblo donde yo vivo no es una excepción.
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