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05.07.09 -

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Hace ya casi catorce años que el suburbano comenzó a rodar bajo las calles de la capital vizcaína. Fue el 11 de noviembre de 1995 cuando el entonces lehendakari, José Antonio Ardanza, tuvo el honor de inaugurar un nuevo medio de transporte en el que pocos aún creían. Una vez probado, ya nadie piensa igual. El trazado inicial contemplaba 23 estaciones entre el Casco Viejo y Plentzia, muchas de ellas rescatadas del antiguo ferrocarril de Euskotren y habilitadas a cielo abierto. Después entraron en funcionamiento las de Gobela, Santutxu, Basarrate y Bolueta. Para finales de la década, el metro cubría ya buena parte de Bilbao y toda la margen derecha. Unos 60 millones de viajeros se subían a él a lo largo del año.
El siguiente hito tuvo que esperar hasta 2002, cuando la Línea 2 comenzó a surcar la populosa margen izquierda. Gurutzeta, Ansio, Bagatza y Urbinaga se unían a la estación central de Barakaldo para engrosar el número de usuarios en la segunda población de Vizcaya. Sestao y Portugalete siguieron idénticos pasos y ayer se sumó Santurtzi. Hoy, la red está ya integrada por 38 estaciones y 41 kilómetros de recorrido. Pero el origen del 'tubo' se remonta a los setenta. En 1977 se aprobó el primer plan de construcción de la red en Bilbao, al que se presentaron numerosas alegaciones en las que se instaba a un trazado más extenso y subterráneo en su mayor parte. El proyecto quedó bloqueado y no fue hasta ocho años después cuando se retomó. El Gobierno vasco aprobó el renovado plan en 1987 y un año después arrancaron las primeras obras de soterramiento en Erandio. Ya en 1989, los trabajos se adentraron en Bilbao. El subsuelo fue pasto de excavadoras y, con el tiempo, comenzó a verse la luz al final del túnel. En 1995, Vizcaya se convirtió en la cuarta provincia española con metro. Desde entonces, su historia no ha dejado de ensancharse bajo tierra.
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