El nuevo director de los servicios secretos tendrá una labor «compleja», pero sabrá tomar las decisiones oportunas para que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) funcione con «normalidad». Con esta declaración de intenciones, la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega dio la bienvenida al general Félix Sanz Roldán al frente de los servicios de inteligencia. El ex jefe del Estado Mayor de la Defensa ha recibido el encargo del Gobierno de restaurar la disciplina y pacificar la rebelión interna que dinamitó el mandato de su predecesor.
Sanz Roldán tendrá carta blanca para modificar el organigrama directivo y fichar a personal de su confianza, pero sin realizar purgas masivas, como pretendía el dimisionario Alberto Saiz para cegar las filtraciones internas que sacaron a la luz sus presuntas irregularidades en el uso de fondos públicos. Fuentes gubernamentales confirmaron que Saiz llegó a presentar antes de irse un plan de depuración que hubiera afectado a unos 60 agentes.
Fue su última baza para 'limpiar la casa' de elementos desleales. Zapatero y Chacón respondieron con un 'no' rotundo porque quien había creado el problema, Saiz, no podía encarnar la solución. Con este clima enrarecido deberá trabajar ahora Sanz Roldán. El teniente general tendrá que hilar fino para apaciguar los ánimos y recomponer las heridas internas. Un cometido que, salvando las distancias, ya realizó cuando fue el emisario del Gobierno para la difícil tarea de reconstruir las relaciones militares con Estados Unidos a raíz de la retirada de España de Irak.
37 cambios en cinco años
Uno de los desafíos del nuevo jefe de los espías será dar una salida a los agentes descontentos. Las peculiaridades de un organismo endogámico, al que se accede por un proceso de selección y en el que, por regla general, lo normal es hacer carrera hasta la jubilación, complican cualquier depuración. Por ello, uno de los asuntos que podría plantear Sanz para resolver el entuerto es una reforma del régimen interno que permita restaurar la disciplina en el centro.
Los 37 cambios en cinco años que realizó Saiz, desde subsecretarías hasta jefaturas de área, causaron un terremoto en los servicios secretos con el que ahora tendrá que apechugar su sucesor. Saiz fue capaz de fulminar una de las columnas vertebrales del espionaje, la división de lucha antiterrorista, para aplacar los «problemas personales» entre los jefes de inteligencia y el de operaciones del CNI, según reconocen fuentes conocedoras del caso.
Por esta circunstancia, volver a recomponer esta división, que trabaja en coordinación con las fuerzas de seguridad a través del Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista, y a la que se le han reconocido éxitos recientes como la detención en Francia del jefe militar de ETA, 'Txeroki', será uno de sus primeros cometidos.
Pero no el único. El jefe de los espías deberá recomponer el despliegue de los servicios secretos en lugares tan sensibles como Marruecos o Cuba, después de varios episodios sangrantes que los dejaron al descubierto. Del país vecino fueron expulsados hace pocos meses dos 'antenas' (agentes) en Nador y Tetuán, mientras que el régimen castrista puso de relieve la implicación del CNI en la reciente caída de dos próceres del Gobierno, el vicepresidente Carlos Lage y el ministro de Asuntos Exteriores Felipe Pérez Roque. En el caso de la isla caribeña, uno de los implicados, Conrado Hernández, delegado del Gobierno vasco en La Habana, ha reconocido que trabajaba para el espionaje español. «Van conociendo tus debilidades y al final colaboras con ellos», ha llegado a asegurar Hernández